El Reino de Dios: el tesoro por el que vale la pena dejarlo todo – Mensaje Misionero Dominical

P. Omer Giraldo R. MXY

Por: Omer Giraldo Ramírez – MXY

Te ofrezco mi saludo fraterno y misionero en este XVII Domingo del Tiempo Ordinario, desde la parroquia de San Felipe Neri, en el sur del Bronx, en la ciudad de Nueva York.

Les transmito también un saludo muy especial del párroco, reverendo Daniel O’Reilly, y de toda su comunidad parroquial, quienes me han acogido con un profundo espíritu fraterno y misionero.

Durante estas semanas acompaño a varias comunidades parroquiales en el programa de animación misionera Mission Appeal, promovido por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos a través de la Obra de la Propagación de la Fe. Este programa busca fortalecer el compromiso misionero de los fieles católicos de este país.

Esta es también una ocasión para dar a conocer el programa misionero de la Conferencia Episcopal de Colombia y de los Misioneros Javerianos de Yarumal, que coordino a través del Instituto Misionero de Antropología, IMA.

Este proyecto educativo apoya a líderes, agentes de pastoral y educadores pertenecientes a la diversidad étnica de Colombia, en convenio con la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

Cerca de un millar de estudiantes indígenas de más de cuarenta etnias de nuestro país, afrocolombianos de diferentes regiones y mestizos campesinos se benefician de este proyecto educativo. Gracias por su apoyo y solidaridad con esta obra misionera liderada por los Misioneros de Yarumal y los obispos de Colombia.

La segunda lectura de este domingo, tomada de la carta de san Pablo a los Romanos, nos ilumina con una afirmación llena de esperanza:

«A los que aman a Dios, todo les sirve para el bien».

Quienes aman a Dios con todo su corazón comprenden que incluso las experiencias negativas, los acontecimientos dolorosos y las dificultades de la vida pueden ser transformados por el Señor para su bien.

Por eso es tan importante pedirle siempre a Dios la gracia de conocer, aceptar y cumplir su santa voluntad.

Esta enseñanza nos ayuda a comprender el regalo que Dios concedió al rey Salomón, como escuchamos en la primera lectura, tomada del primer libro de los Reyes:

«Te concedo un corazón sabio e inteligente».

Salomón no pidió riquezas materiales, bienestar ni comodidad personal. Pidió el don del discernimiento para gobernar con justicia y distinguir entre el bien y el mal.

Este es también el mensaje de las parábolas que Jesús nos presenta en el Evangelio de hoy, tomado de san Mateo.

Evangelio según san Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente:

«El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante que busca perlas finas y, al encontrar una de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

El descubrimiento del tesoro escondido y de la perla de gran valor lleva a los protagonistas de estas parábolas a tomar una decisión radical: venderlo todo para poder adquirir aquello que han encontrado.

Lo hacen porque comprenden que ese tesoro y esa perla valen infinitamente más que todo lo que poseían hasta ese momento.

Jesús nos enseña que el Reino de Dios no se encuentra de manera superficial. Para encontrarlo se necesita una actitud de búsqueda. Esa búsqueda exige esfuerzo, sacrificio, perseverancia y capacidad de renuncia.

Esto significa que debemos aprender a desprendernos de muchos pequeños “tesoros” y “perlitas” que vamos acumulando a lo largo de la vida y a los cuales podemos apegarnos fácilmente.

Pueden ser bienes materiales, ambiciones, seguridades, comodidades, reconocimientos, resentimientos o cualquier realidad que termine ocupando en nuestro corazón el lugar que solo le corresponde a Dios.

Renunciar a esos apegos es la condición que Jesús nos presenta para recibir el tesoro incomparable del Reino de los cielos.

San Pablo también nos enseña que quien conoce el designio de Dios y acoge su voluntad encuentra una riqueza que nada ni nadie puede arrebatarle. Quien descubre el Reino comprende que nada podrá separarlo del amor de Dios.

Por eso conviene preguntarnos con sinceridad:

¿A qué pequeños tesoros o falsas perlas permanece apegado mi corazón?

¿Estoy realmente dispuesto a renunciar a ellos para recibir el tesoro y la perla preciosa del Reino de Dios?

Los Misioneros Javerianos de Yarumal continuamos llevando este tesoro del Reino de Dios, revelado en Jesucristo, a muchos pueblos y culturas del mundo donde aún no ha llegado plenamente la riqueza del Evangelio.

Invitamos a los jóvenes que deseen discernir y madurar con nosotros su vocación misionera a unirse a esta tarea como discípulos enviados más allá de nuestras fronteras geográficas y culturales.

Pidamos al Señor que siga llamando jóvenes generosos y les conceda la gracia especial de entregar su vida al anuncio del Evangelio entre todos los pueblos.

Que así sea.

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