Más de 170 templos resultaron afectados por el terremoto del 10 de agosto en Colombia, según el balance preliminar presentado por el cardenal Luis José Rueda Aparicio. La cifra todavía puede aumentar, pues continúa la evaluación de iglesias y otras edificaciones eclesiales en las diferentes regiones golpeadas por la emergencia.
Entre los principales bienes afectados se encuentran la Catedral Basílica de Manizales; la Basílica Menor Jesús, María y José, en Quimbaya; la Basílica de Nuestra Señora de la Pobreza, en Cartago; y la Basílica del Señor de los Milagros, en Buga. También se reportaron daños en las catedrales de Buenaventura y Cali, además de numerosas parroquias, casas curales, ancianatos, colegios y obras sociales de la Iglesia.
La gravedad de las afectaciones obligó a cerrar varios templos mientras ingenieros y arquitectos determinan si las estructuras pueden recuperarse sin poner en riesgo a las comunidades. En algunas poblaciones, los sacerdotes están celebrando las eucaristías en parques y calles; otros tuvieron que abandonar sus casas curales y buscar alojamiento temporal.
El cardenal explicó que los estudios técnicos establecerán cuáles edificaciones pueden restaurarse y cuáles deberán ser demolidas. Advirtió que, en determinados casos, reparar las estructuras podría resultar más costoso que derribarlas y volverlas a construir, aunque reconoció que esta decisión provocaría un profundo impacto cultural, histórico y espiritual en las comunidades.
Expertos en ingeniería estructural también han señalado que restaurar o demoler una edificación patrimonial exige procedimientos especializados. Muchas de estas iglesias fueron construidas hace décadas o siglos y no cumplen las normas actuales de sismorresistencia, por lo que cualquier intervención deberá apoyarse en evaluaciones rigurosas y medidas preventivas.
Rueda Aparicio hizo un llamado a empresarios, inversionistas, universidades, ingenieros, arquitectos y agencias internacionales para que contribuyan con los diagnósticos y la reconstrucción. Las personas o entidades interesadas deberán comunicarse con los obispos de las diócesis afectadas, responsables de canalizar los aportes mediante sus equipos administrativos y comités de reconstrucción.
El cardenal también solicitó el respaldo del Estado para recuperar los templos reconocidos como patrimonio nacional. Aseguró que reconstruir estas edificaciones no representa un beneficio exclusivo para sacerdotes u obispos, sino para las familias que las reconocen como lugares de oración, encuentro comunitario, solidaridad, identidad y servicio social.















