Por: Pbro. Omer Giraldo Ramírez, MXY
Vamos avanzando hacia el final del año litúrgico. Hoy estamos en el 28o domingo del tiempo ordinario, 11 de octubre.
La invitación de la palabra de Dios en esta domínica y en las semanas siguientes es a que nos preparemos para participar en el banquete del reino de Dios.
La primera lectura de hoy que es tomada del profeta Isaías es un cántico al Dios liberador.
Es presentado por un discípulo del primer Isaías con el símbolo de un banquete para todos los pueblos de la tierra. Ya es una visión misionera.
Nos dice Isaías, «Preparará el Señor del universo para todos los pueblos en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera, manjares exquisitos, vinos refinados», agrega Isaías y nos presenta además este banquete como el fin de la muerte para siempre.
O sea, este banquete del reino es una expresión de la plenitud de la vida en Dios que tiene su máxima expresión en la resurrección del Señor que vivieron los apóstoles y ahora nosotros.
Profundicemos un poco más en este mensaje, escuchando el evangelio que hoy nos trae la liturgia de la palabra en el capítulo 22 de San Mateo sobre los convidados de un rey a la boda de su hijo.
Escuchemos.
Evangelio
En aquel tiempo volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo, «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo.
Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran, «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Vengan a la boda.»
Los convidados no hicieron caso.
Uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios.
Los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Y luego dijo a sus criados, «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren convídenlos a la boda.»
Y los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron buenos y malos.
La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo, «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?»
El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros, «Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión
Según algunos estudiosos de la Sagrada Escritura, esta última parte de la parábola es un añadido de alguien de la comunidad de Mateo, que tenía como objetivo precisar la responsabilidad de cada uno al aceptar ser parte del banquete.
Dios venía preparando este gran banquete del reino de los cielos desde el Antiguo Testamento, como lo testimonia hoy el profeta Isaías en la primera lectura y el salmo 22 que nos dice, «Preparas una mesa ante mí. El Señor es mi pastor, nada me falta.»
Este banquete o festín escatológico que nos conecta con los últimos tiempos de la venida del Señor Jesús, nos ayuda a comprender que quienes participen en él reconocerán a Dios en su monte santo, la Jerusalén celestial, como lo precisa Isaías, de la cual la Iglesia es hoy su signo o sacramento visible.
Yo quiero reflexionar brevemente dos mensajes que nos deja esta parábola.
Uno, los primeros convidados, el pueblo de Israel, el pueblo elegido, no aceptaron la invitación.
Y el segundo, frente a esta negativa, la invitación se extiende a todas las gentes.
Es entonces cuando la comunidad cristiana primitiva, hoy la comunidad de Mateo, comprendió que Jesús no vino simplemente para su pueblo Israel, sino para todos los pueblos y culturas de la tierra, que Jesús murió en la cruz por toda la humanidad.
Nos podríamos preguntar, ¿y por qué razón el anfitrión del banquete, el rey, exige a los callejeros que aceptaron la invitación llegar con un vestido especial si realmente no estaban previamente preparados?
Simplemente llegaron porque fueron invitados a última hora.
Debemos tener muy presente que cuando alguien preparaba un banquete, al ingresar a la sala del banquete, cada invitado recibía un vestido especial, el traje especial para el banquete, para la boda, para poder participar con dignidad.
Es obvio que no aceptar este traje de bodas significaba no aceptar al anfitrión del banquete.
Además, la comunidad cristiana primitiva de Mateo nos quiere enfatizar que aunque seamos invitados a última hora, al aceptar la invitación, debemos prepararnos adecuadamente para una participación digna.
Este mensaje de la palabra de Dios en esta domínica nos está diciendo, por una parte a cada uno de nosotros, este llamado es para que pregonemos también y salgamos por los caminos a hacer la invitación sin ninguna discriminación para que muchos participen del reino de los cielos.
Además, prepararnos interiormente para ingresar a este banquete con dignidad.
En la segunda lectura de hoy, Pablo a los filipenses nos ayuda a comprender cómo debe ser esa preparación en nuestra vida ordinaria.
Nos dice Pablo, sé siempre vivir en la pobreza y en la abundancia.
Esto significa aprender a usar bien los bienes materiales que el Señor nos regala, siempre pensando en los demás.
Por otra parte, cuando Pablo estaba en la cárcel, probablemente en la ciudad de Efeso, los cristianos de Filipo fueron muy generosos con él y lo acompañaron y se solidarizaron con él con los pocos bienes que ellos tenían.
Y Pablo les agradece con el corazón y los anima con su fe cuando les dice, «Todo lo puedo en aquel que me conforta.»
Y les dice, «Ustedes han hecho muy bien en compartir mis tribulaciones. Dios mismo enjugará las lágrimas de los rostros y aniquilará la muerte para siempre.»
Qué mejor manera de prepararnos para participar en el gran banquete del reino de los cielos, como este ejemplo de Pablo y la comunidad de los filipenses.
Quiero recordarles que los Misioneros Javerianos de Yarumal estamos ya entrando en la celebración de los 100 años de vida, 100 años de fundación por el venerable Miguel Ángel Builes.
Invitamos a muchos jóvenes que se acerquen a nosotros y madurar con nosotros su vocación misionera.
Que tengas una bendecida semana.















