El tradicional corrientazo, una de las opciones más utilizadas por trabajadores y estudiantes para comer fuera de casa, ya cuesta en promedio $18.894 en Colombia. La estimación representa un incremento del 22,4 % frente a los $15.505 calculados un año atrás y deja este almuerzo cada vez más cerca de superar la barrera de los $20.000.
La cifra no corresponde a un precio único establecido para todo el país ni a una medición directa del Dane sobre cada menú. Se trata de un cálculo elaborado a partir de la variación en productos utilizados habitualmente para preparar el plato, como arroz, carne, papa, plátano, fríjol, huevo, ensalada y fruta para el jugo.
La papa registra una de las mayores presiones: el costo estimado de la porción pasó de $196 a $628, equivalente a un incremento del 220,9 %. El tomate aumentó de $537 a $1.123 por porción, con una variación del 109,1 %, mientras el fríjol subió $357 y el huevo tipo AA llegó a $506.
Algunos ingredientes ayudaron a contener parcialmente el encarecimiento. El plátano maduro disminuyó un 9,6 % y el arroz un 4,4 %, mientras una mayor disponibilidad de carne de res moderó el impacto sobre el precio de esa proteína. Sin embargo, esas reducciones no compensaron el aumento de los demás componentes del menú.
El encarecimiento ocurre en un contexto de mayor presión inflacionaria. El Dane informó que la inflación anual llegó al 6,29 % en septiembre de 2026, mientras la división de alimentos y bebidas no alcohólicas aumentó 6,74 %. Restaurantes y hoteles registraron la variación anual más alta, con 9,44 %.
Los restaurantes también enfrentan incrementos en servicios públicos, transporte, arriendos, salarios e insumos. Para conservar clientes, algunos establecimientos reducen porciones, reemplazan ingredientes o ajustan sus menús, mientras otros trasladan directamente los mayores costos al consumidor.
El impacto resulta mayor para quienes compran almuerzo todos los días. Un trabajador que pague $18.894 durante 22 jornadas laborales destinaría cerca de $416.000 mensuales únicamente al corrientazo, sin contar desayunos, cenas o transporte, una carga que reduce aún más la capacidad de compra de los hogares.















