LA VUELTA A COLOMBIA – Crónicas de Gardeazábal

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

El ciclismo colombiano va de culos. Con la determinación agresiva y ofensiva de no suspender la Vuelta a Colombia el día del terremoto, no solo demuestran que ya no representan a nadie, sino que la realización, hoy miércoles, de la etapa entre Ibagué y el Alto del Sifón, en las faldas del Ruiz, se está embadurnando de la misma mierda con que han acabado los verdaderos mitos patrióticos.

La Federación de Ciclismo, disfrazando con actitud populachera y equivocándose de plano, resultó insensible ante una tragedia como la que hemos vivido. El terremoto del lunes 10 debería haber cancelado todos los actos públicos que pasaran por donde el sismo avanzó rugiente, sembrando la muerte de no menos de 250 compatriotas, y no se hizo, alejando más al ciclismo del podio del orgullo patrio.

Aquí hemos explicado que el éxito añejo de los ciclistas colombianos en Europa se dio porque los nuestros tomaban aguapanela y comían la dieta paisa que hizo posible a Ramón Hoyos Vallejo, el Ñato Suárez y hasta Nairo Quintana.

Pero cuando los ciclistas nuestros igualaron su dieta con la multivitamínica de los europeos y no hicieron concentraciones en alta montaña para alistar a sus hombres por meses enteros a correr como los héroes colombianos, el orgullo patrio por ellos se fue perdiendo.

Ahora, al negarse a admitir como duelo nacional los centenares de muertos y heridos que nos conmueven a todos, insisten en hacer el recorrido trazado como si aquí no hubiese pasado nada.

A las carreteras y a las metas de Manizales, Santa Fe de Antioquia, Jericó, La Pintada y Medellín acudirán algunos colombianos a chiflar y pitar a los desconsiderados ciclistas, para recordarles que la Vuelta es a Colombia y no a la manzana del barrio de los bogotanos y paisas que la organizaron.

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