Por: Rafael Rodríguez-Jaraba
A partir del próximo domingo 31 de mayo, Colombia empezará a cavar la sepultura de las viejas y desgastadas maquinarias políticas, y de aquellos partidos que, si bien en el pasado tuvieron doctrina, terminaron sucumbiendo ante la tentación de volver al poder a cualquier costo o usufructuarlo, negociando sus idearios de principios y valores.
No hay duda de que la nación se fatigó de la corrupción, la incoherencia y el utilitarismo de una clase política oscura, inepta e incapaz de afrontar y resolver los grandes problemas nacionales y, al parecer, llevará a la primera magistratura a un ciudadano independiente, audaz y ocurrente, como lo es Abelardo de la Espriella, quien ofrece restituir y fortalecer los más altos intereses de la patria.
No hay duda que los colombianos se hastiaron de la intermediación de los desnaturalizados y descuadernados partidos que, a falta de ideas, ideales y líderes íntegros, preparados y capaces, terminaron anteponiendo a la virtud y el mérito el amiguismo, favoreciendo a ineptos y, convirtiéndose en garitos de negociados, agencias de empleo y mercaderes de avales.
A esa degradación se resistió durante muchos años el Centro Democrático, pero infortunadamente en la actual carrera presidencial, cedió y fue así como de manera inexplicable y sin sustento alguno, excluyó a María Fernanda Cabal quien era holgada e indiscutible favorita para correr a la presidencia, y terminó imponiendo a Paloma Valencia como ganadora de una extraña encuesta que resultó siendo abierta y no del partido.
No siendo poco lo anterior, la candidata del Centro Democrático terminó participando en una consulta que fue un auténtico contubernio en el que participaron obsecuentes oportunistas sin partido, así como solapados Santistas ayer orgullosos y hoy vergonzantes.
Aparte de lo anterior, Paloma Valencia decidió negociar los principios y valores del Centro Democrático por votos y conveniencias, y fue así como escogió al señor Oviedo como su fórmula presidencial, con lo que antes que ganar simpatizantes terminó repeliéndolos.
Si bien y como lo he reiterado, he sido afecto a la política de Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez y simpatizante de la doctrina del Centro Democrático, mis principios, valores y convicciones no me permiten apoyar con mi voto a la senadora Paloma Valencia, a quien le reconozco sus cualidades y méritos, pero no la manera como fue elegida candidata de esa agrupación, y deploro su acompañamiento por parte de corifeos de Juan Manuel Santos y, además, por la infortunada designación de su fórmula vicepresidencial, la que antes que sumarle votos le resta.
De ganar Abelardo de la Espriella, la tarea que le espera será monumental, desafiante y demandante, la que exige carácter, valor y formidables capacidades, cualidades y virtudes, de ahí la necesidad que conforme un gobierno en el que converjan las mejores y más esclarecidas inteligencias del país.
Mientras que Abelardo de la Espriella busca restablecer el orden y preservar la democracia desterrando los vicios que la aquejan, el señor Iván Cepeda, candidato de la izquierda radical, pretende hacerse elegir en ella para luego destruirla e implantar la anarquía. Que no se olvide que el señor Cepeda ha sido incondicional camarada y defensor de las Farc y de Iván Márquez, fungió como protector de Jesús Santrich y de otros tantos criminales y es heredero del funesto y dislocado remedo de gobierno que padecemos.
Invito a mis lectores a defender la Democracia, la República y el Estado de Derecho, votando por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, y así asegurar que los mejores días de Colombia estén por venir.
Que no se olvide la prédica de Federico de Amberes: «La dictadura se disfraza para engañar y vencer. La democracia se muestra desnuda para convencer«
Ojalá que entre todos salvemos la democracia.
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*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Litigante, Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Catedrático Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.














