Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
El terremoto afectó puntualmente a los estratos 3 y 4 de Cali, Pereira, Roldanillo y otras poblaciones medianas. Los jefes de los hogares damnificados son, en un gran porcentaje, profesionales y asalariados con bríos para no dejarse hundir, o jubilados muy cansados para volver a empezar.
Casi ninguno de ellos tiene más ahorros que la casa o el apartamento que se les inhabilitó, un carro, una mascota y algún saldito en el banco. No pueden irse a alojar en un hotel mientras evolucionan, porque la mesada fija no les alcanzaría. Están demasiado colocados en su nivel social para irse a meter a un coliseo debajo de una carpa.
Pero, como casi todos tienen parientes y amigos, gran mayoría de ellos salieron al quite y les abrieron con gusto las puertas de sus hogares para recogerlos: son, desde entonces, LOS ARRIMADOS.
Una nueva subclase social que ha surgido en la zona desvertebrada por el terremoto. Todos van a soportar casi que el mismo comportamiento. Los inundará la gratitud, pero se sentirán incómodos donde están, porque resulta evidente que, después de algunos días de convivencia con un extraño, las relaciones intrafamiliares van a resentirse.
Y, pasados unos días, se convencerán no solo de que están arrimados, sino de que están a punto de terminar siendo un elemento disruptor en la tranquilidad del hogar que los acogió, ya sea por temperamentos encontrados o por la mascota que aportaron. Más temprano que tarde, o se van o los invitan a irse.
Psiquiatras y sociólogos deberían estar estudiando esta nueva subclase social. El Estado, o la entidad que finalmente cuaje para administrar la reconstrucción, debería tenerlos en cuenta desde ya.
Garantizarles una vivienda, así sea menor que la de su estatus antes de la hecatombe, podría ser posible. Que se les aporte un porcentaje alto del valor de la vivienda nueva y ellos puedan garantizar el pago del saldo con el sueldo o la mesada de jubilación podría ser una salida.
De no ser así, tendríamos que abrir otra nueva subclase social: la de los pobres vergonzantes… y serían muchos.















