Por: Pbro. Omer Giraldo Ramírez, MXY
Guardo en mi memoria a Juanchito Ramírez, mi abuelo materno.
Recuerdo mucho su cariño, su amor a su pequeña finca, donde él cultivaba maíz, frijol, papa, plátano, muchos árboles frutales.
Con alguna frecuencia lo acompañaba.
De él aprendí a amar el campo, a valorar el abnegado trabajo de los campesinos.
La palabra de Dios en este 27o domingo del tiempo ordinario nos trae la imagen de la viña. En Israel había muchos viñedos, tanto en la primera lectura del profeta Isaías como en el evangelio de hoy en San Mateo.
Isaías nos presenta el canto de amor del Señor a su viña, resaltando el profundo esmero de Dios por su viña, que simboliza la casa de Israel.
Desde su liberación de la esclavitud de Egipto, luego su caminada por el desierto durante 40 años y su llegada a Canaán, la tierra prometida, Dios nunca abandonó a su pueblo. Lo trató como a la niña de sus ojos.
Por eso este es un canto de amor.
Sin embargo, en medio de su profundo amor por su viña, Dios, como el amado con su amada siente decepción por la carencia de frutos de su viña.
Y Dios se pregunta a sí mismo, “¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?”
Y se dice, “Convertiré mi viña en unal y allí crecerán zarzas y cardos. Prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.”
Como complemento a esta reflexión de Isaías, el evangelio de hoy, que es tomado del capítulo 21 de San Mateo, nos trae la parábola de los viñadores homicidas.
Escuchemos.
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, escuchen otra parábola.
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cabó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
Pero los labradores, agarrando a los criados apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados más que la primera vez e hicieron con ellos lo mismo.
Por último, les mandó a su hijo diciéndose, “Tendrán respeto a mi hijo.”
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron, “Este es el heredero. Vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia.”
Y agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Y ellos le contestaron, “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo.”
Y Jesús les dice, “¿No han leído ustedes nunca en la escritura la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular?
Es el Señor quien lo ha hecho. Ha sido un milagro patente.
Por eso les digo que se les quitará a ustedes el reino de los cielos y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos.”
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión
Esta parábola de los viñadores homicidas nos remite a muchos periodos de la historia de Israel en el Antiguo Testamento y también a muchos periodos de la historia del cristianismo que se han manchado de sangre, de persecuciones fundamentalistas, de fanatismos que rayan con la crueldad.
Tantas veces creyendo dar gloria a Dios, se han cometido enormes injusticias contra muchos seres humanos, como por ejemplo ese periodo oscuro de la Inquisición en la Edad Media.
Nos queda con este evangelio de hoy una profunda lección.
La muerte de Jesús en la cruz se convirtió en la piedra angular para la construcción de una nueva casa de Israel, el nuevo pueblo de Dios, su iglesia que está fundamentada en el amor y la paz.
Nada, absolutamente nada justifica acciones y actitudes violentas contra ningún ser humano ni ningún ser vivo y mucho menos cuando se realizan en el nombre de Dios hasta el punto de ser llamada muchas veces guerras santas.
San Pablo en su carta a los filipenses, en la segunda lectura, nos recuerda lo que debe caracterizar a una comunidad cristiana.
Pablo se sintió siempre muy identificado con la comunidad de Filipo. Filipo era una ciudad que llevaba el nombre del padre de Alejandro Magno en su honor.
Los filipenses eran una comunidad pobre, sencilla, generosa.
Y Pablo les aceptaba sus regalos cuando él estaba en la cárcel y por eso les escribe recordándoles los valores cristianos con los cuales deben vivir permanentemente y nos lo recuerda hoy a nosotros.
Alegría, comprensión, paz en el corazón y en la mente, dejar a un lado toda actitud de guerra y de violencia.
Y por eso les pide Pablo tener siempre en cuenta todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable.
Los invito para que concluyamos esta reflexión de hoy con ese bello pensamiento que nos trae el salmo 79 para suplicarle a Dios, así como lo hicieron los hebreos muchos siglos antes de Cristo.
Dios del universo, vuélvete. Mira desde el cielo, fíjate.
Ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó.
Señor, Dios del universo, restáuranos. Que brille tu rostro y nos salve.
Los misioneros javerianos de Yarumal, celebrando el centenario de nuestra fundación del 3 de julio de 1927 para el próximo año 3 de julio de 2027.
Nos alegramos acogiendo a muchos jóvenes que deseen madurar con nosotros, su llamado a ser misioneros más allá de nuestras fronteras parroquiales, diocesanas, nacionales, para ser enviados a anunciar a Jesucristo la piedra angular hasta los confines de la tierra, como cantamos bellamente en el himno de introducción de esta reflexión.
Y al final de la reflexión, te deseo una bendecida semana.















