Decirle “sí” a Dios no basta: ¿dónde están nuestras obras? | Mensaje Misionero Dominical

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Por: Pbro. Omer Giraldo Ramírez, MXY

Nuestro país Colombia ha vivido en estos últimos dos meses un proceso social que nos ha conducido como nación y como sociedad a mirarnos interiormente a causa del conmovedor terremoto del pasado 10 de agosto que casualmente dio comienzo también a un nuevo gobierno en nuestra nación.

Este movimiento telúrico, el más devastador en muchas décadas, nos ha sacudido como nación. Ha despertado el hondo sentido de solidaridad que gracias a Dios nos ha caracterizado, nos ha unido en la búsqueda de nuevos caminos para reconstruir nuestras relaciones maltrechas y particularmente para la atención a regiones devastadas como por ejemplo el departamento del Chocó, que es una región muy olvidada por el Estado desde los comienzos de nuestra nacionalidad y en general por toda nuestra sociedad colombiana, mea culpa de cada uno de nosotros.

El Señor nos está pidiendo con urgencia una auténtica conversión que es al mismo tiempo personal, pero también comunitaria, social.

La palabra de Dios en esta vigésima sexta domínica del tiempo ordinario, sin duda alguna, nos regala hoy muchas luces y unas buenas orientaciones que nos van a ayudar como nación y también en nuestro compromiso personal a asumir este deseo que todos llevamos dentro de tener un mejor país donde todos tengamos las mismas posibilidades, los mismos derechos, los mismos deberes.

Precisamente el profeta Ezequiel en la primera lectura de hoy, después de ayudarle al pueblo hebreo a reflexionar sobre lo que le sucedió como nación, como pueblo elegido, a partir del exilio de Babilonia, que fue en el año 587 antes de Cristo, explica en el texto de hoy la necesidad de aprender también a asumir una responsabilidad personal en todo lo que les ha sucedido como nación.

Es decir, no podemos olvidar el pasado en el cual tenemos todos una responsabilidad social comunitaria. Es verdad, pero estamos llamados a asumir una responsabilidad personal, no simplemente echarle la culpa a otros.

Este es el tema de la parábola que nos trae hoy San Mateo en el capítulo 21 de su evangelio.

Escuchemos.

Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos.

Se acercó al primero y le dijo, “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Y él le contestó, “No quiero.” Pero después se arrepintió y fue.

Luego se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Y él le contestó, “Voy, Señor.” Pero al fin no fue.

¿Quién de los dos hizo lo que quería el Padre?

Y ellos contestaron, el primero.

Jesús les dijo, “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes enseñándoles el camino de la justicia y ustedes no le creyeron.”

En cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron.

Y aún después de ver esto, ustedes no se arrepienten ni creen.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

¿Qué les quiso decir Jesús a quienes lo escucharon hace ya más de 2000 años?

En aquel entonces, los publicanos y las prostitutas eran los grupos humanos reconocidos abiertamente como pecadores.

Lo insólito es que Jesús les enrostra en la cara a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo que lo interrogaban, que los publicanos y las prostitutas, que ellos siempre señalaban como los máximos pecadores, fueron los que creyeron en la predicación de Juan el Bautista, razón por la cual llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

En la parábola que hoy nos trae Jesús, el segundo hijo representa justamente a los sumos sacerdotes, maestros de la ley, ancianos del pueblo y a muchos de nosotros que estamos desde muy niños en esto de la búsqueda de Dios.

Es decir, aquellos que le han dicho que sí a Dios, pero que con su vida y sus obras sencillamente lo están rechazando, lo estamos rechazando, pues es una opción mentirosa de nombre, de palabrería.

Esto nos puede suceder también a nosotros, tú y yo. A lo mejor hemos dicho que sí a Jesús, que sí lo seguimos, pero de palabra.

¿Dónde quedan mis obras que testifican esta opción?

El primer hijo le dijo a su padre que no iría a trabajar en su viña, pero finalmente terminó cumpliendo la voluntad de su padre.

Los publicanos y las prostitutas en tiempo de Jesús rechazaban abiertamente la ley de Dios. Pero al escuchar la predicación de Juan el Bautista y luego de Jesús de Nazaret, vivieron una experiencia de conversión, de cambio de vida.

En esta semana podemos repetirle al Señor nuestra oración con el salmo 24 que orábamos hoy.

Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Con San Pablo en su mensaje de hoy, en la segunda lectura a los filipenses, podemos aceptar la invitación a no obrar por envidia ni por ostentación, a mantenernos unidos, unánimes, concordes con un mismo amor y un mismo sentir en nuestra vida de hogar, en nuestra vida comunitaria, en la parroquia, en nuestra vida social con los vecinos y en nuestra nación como sociedad, miembros de una misma nación que queremos reconstruir juntos.

Quiero recordarles que los Misioneros Javerianos de Yarumal estamos comenzando a celebrar nuestro primer centenario de fundación, fundados por Monseñor Miguel Ángel Builes en julio de 1927.

Gracias por acompañarnos en su oración, por ayudarnos a extender la invitación a muchos jóvenes que deseen madurar con nosotros, su opción vocacional para que atiendan este llamado del Señor a ser sus testigos más allá de su parroquia, más allá de sus fronteras, más allá de nuestras fronteras nacionales, ser invitados a vivir con muchos pueblos, culturas, lenguas, del mundo que aún no han conocido el mensaje del evangelio de Jesús.

Te deseo que tengas una bendecida semana.

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