ESCUDO SIN LICENCIA – Crónicas de Gardeazábal

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Cuando, siendo alcalde de Tuluá, el presidente César Gaviria dejó entrar, sin licencia alguna, los Marines a Juanchaco, dizque para construir una escuelita, armé un alboroto mayúsculo. Dicté un decreto ordenando que la bandera colombiana estaría izada a media asta en todos los edificios públicos mientras las tropas extranjeras estuviesen en Colombia, y me quejé ante el Consejo de Estado por el no cumplimiento de la norma constitucional que impedía el arribo de tropas extranjeras al territorio nacional sin previa autorización del Congreso.

Terminé yendo en un catamarán alquilado, acompañado por Jorge Santos Núñez, el antiguo presidente de la USO, quien vivía en Tuluá, y, sin más armas que un par de banderas colombianas, llegamos a ponernos a punto de mira de los fusiles gringos.

Hubo gran repercusión y, aunque dizque alcanzaron a terminar la escuelita, tuvieron que irse porque el Consejo de Estado, paquidérmicamente, le negó la razón a Gaviria.

Ahora, cuando el ministro de Defensa ha ido a firmar el ingreso de Colombia a la organización Escudo de las Américas y, según el secretario de Guerra norteamericano, los gringos entrarán a Colombia a acompañar las operaciones antiterroristas del único presidente latinoamericano que se pone firme y saluda militarmente, pienso que no solo no han pedido permiso, sino que la gente está tan mamada con la guerra de los traquetos y el mangoneo de las bandas que ni preguntarán por el permiso ni muchos sacarán a flote los símbolos de la patria a los que tanto apeló Abelardo para ser presidente.

Tenemos tan mala memoria de por dónde ha pasado Colombia que casi siempre vivimos escogiendo entre dos males.

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