Por: P. Omer Giraldo R. MXY
Este domingo 31 de mayo estamos ya en la segunda parte del Tiempo Ordinario con la celebración de la SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD, prolongación de la vivencia Pascual y compendio de nuestra fe cristiana. Jesús Resucitado le reveló a la Iglesia naciente el MISTERIO DE DIOS, UNO Y TRINO: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su unigénito para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna” y en su Hijo nos entrega el Espíritu Santo, cumpliendo la promesa de estar con nosotros hasta el fin de los tiempos.
Escuchemos el Evangelio de este domingo de la Santísima Trinidad, con el cual iniciamos la novena semana del Tiempo Ordinario, tomado del evangelista San Juan en el capítulo tercero:
Desde el Antiguo Testamento Dios se ha revelado, primero al pueblo de Israel y ahora a nosotros, en el Nuevo Testamento, como un ser único en tres personas distintas: Padre que crea y salva, Hijo que redime y Espíritu que santifica, acompaña y sostiene. Esto significa que Dios es, por su misma esencia, COMUNIÓN DE PERSONAS. Dios no puede entenderse como un ser egoísta, solitario, aislado y ajeno a nuestra historia, a nuestro diario vivir. Dios es COMUNIÓN DE AMOR. Nos dice el apóstolo San Juan en su primera carta que “decir que Dios es comunión equivale a afirmar que Dios es amor”. Es por esto que la Iglesia debemos entenderla y vivirla, en nuestro día a día, como casa y escuela de comunión. Los invito para experimentemos que la Iglesia no el conjunto de millones de personas que compartimos la misma fe de una manera aislada y anónima… No, esa no es la Iglesia, es necesario que vivamos la Iglesia en pequeño, desde nuestro núcleo familiar, nuestra familia, el equipo con quien comparto oración, reflexión de la Palabra, acción social pastoral, grupo apostólico… mi parroquia, con las personas con quienes comparto mi vida. Con este grupo específico de hermanos y hermanas con quienes comparto mi fe puedo vivir lo que vivió Moisés en el monte Sinaí, cuando Dios se le reveló como sinónimo de misericordia, de clemencia, de fidelidad. Y es precisamente por esto que ese mismo Dios que conoció Moisés, en el Antiguo Testamento, se ha encarnado en su Hijo Jesucristo, como la máxima expresión de su misericordia con todos los seres humanos de todos los tiempos y lugares.
Desde esta vivencia de lo que es la Iglesia, en nuestra vida doméstica del día a día, comprendemos el legado del papa Francisco sobre la SINODALIDAD: en la Iglesia caminamos juntos, somos Iglesia sinodal, donde se vive la COMUNIÓN, legado continuado por el papa León XIV.
Cuando confesamos con nuestra vida la fe en Dios uno y trino, estamos afirmando que nuestras relaciones fraternas son una expresión visible de la Santísima Trinidad. ¿Qué significa esto en la vida ordinaria? Sencillamente, es la invitación a vencer toda indiferencia e individualismo. ¡Ojo! Es más fácil tener una vida tranquila evitando involucrarme en un compromiso que me exija salir de mi mismo… es más fácil encerrarme en mi propio egoísmo. Sentir que Dios es comunión de personas es reconocer que el otro es “uno que me pertenece”, ver lo que hay de positivo en esa persona, acogerla, valorarla como un don de Dios para mi.
Precisamente, este 31 de mayo vivimos en Colombia la primera vuelta presidencial. La Iglesia católica, a través de nuestros obispos, extiende la invitación a todos los colombianos a ejercer su derecho y su deber de votar. Recordemos que participar responsablemente en la democracia, votando con conciencia y buscando el bien común, es una forma concreta de vivir nuestra fe, de amar nuestra Patria, de evitar que caigamos en el abismo. No permitamos que otros nos manipulen comprando nuestro voto por un plato de lentejas. Debemos ejercer este sagrado derecho y deber en absoluta libertad de conciencia. Nos unimos en comunión de oraciones por Colombia.
Que así sea!













