Aldrin García – Director de Totus Noticias
Cada elección presidencial en Colombia viene acompañada del mismo libreto: nos dicen que esta sí es la más importante de la historia, que esta vez nos jugamos el futuro del país y que estamos frente a una batalla definitiva. Lo hemos escuchado tantas veces que la frase ya casi perdió sentido, pero esta vez sí siento que Colombia está ante una decisión que puede marcar profundamente su rumbo y definir qué tipo de país queremos ser en los próximos años.
Llegamos a esta elección cansados. Cansados de un gobierno que prometió cambiarlo todo y terminó administrando el caos con discursos largos y resultados cortos. Cansados de una política convertida en confrontación permanente, en peleas diarias, en ruido, en espectáculo y en una incertidumbre que golpea a millones de colombianos que hoy sienten que el país no avanzó como se les prometió.
En medio de ese panorama, Colombia tiene tres caminos sobre la mesa, tres nombres, tres proyectos distintos y una decisión que ya no puede tomarse a punta de emociones pasajeras, frases virales o campañas diseñadas para TikTok. Aquí hay que votar con cabeza, con convicción y pensando seriamente en el país.
No votaré por Iván Cepeda. No votaré por un proyecto que representa para mí la continuidad de un modelo que ha dividido al país, que ha debilitado la confianza institucional y que pareciera creer que gobernar es vivir en confrontación permanente con quienes piensan distinto. Colombia no necesita más polarización, ni más experimentos ideológicos que terminan saliéndole caros a la gente.
Pero tampoco votaré por Abelardo de la Espriella. Porque aunque quiera venderse como el hombre que llegó a romperlo todo, como el outsider que viene a salvar a Colombia, este país no necesita otra política basada en el grito, en el espectáculo, en la rabia y en candidaturas construidas alrededor de la confrontación y el ego.
Y aquí hay que decirlo con claridad: Colombia no necesita salvadores. Colombia necesita gobernantes. No necesita caudillos de tarima, ni candidatos que se presenten como mesías políticos, ni personajes construidos alrededor del show o de la bravata. Ya bastante daño le han hecho a este país quienes creen que gobernar es actuar como redentores y no como servidores públicos.
Por eso mi voto será por Paloma Valencia. Y no lo digo desde el fanatismo ni desde la emoción vacía. Lo digo porque mientras unos representan la continuidad de un fracaso y otros se venden como salvadores en medio del espectáculo, Paloma representa algo que hoy Colombia necesita con urgencia: gobierno, institucionalidad y suma.
Paloma ha logrado tender puentes, convocar liderazgos, sumar sectores políticos y hablarle a una Colombia que no quiere seguir despedazándose entre extremos. Mientras otros viven de la pelea y del ruido, ella ha hablado de gobierno, de instituciones, de construir mayorías y de unir al país sin necesidad de convertir la política en una guerra personal.
No la he visto hablando de destripar, ni jugando con constituyentes, ni amenazando con patear la institucionalidad, ni creyendo que gobernar es destruir para después improvisar. Tampoco la he visto convirtiendo cada aparición pública en un circo mediático donde lo importante sea el personaje y no el proyecto.
Doce años en el Congreso no son una casualidad. Son preparación, disciplina, debates, firmeza y consistencia. Paloma representa una derecha seria, una derecha democrática, una mujer que ha defendido sus ideas con carácter y que ha demostrado que se puede hacer política con convicción sin necesidad de incendiar el país.
Además, me parece acertada su fórmula con Juan Daniel Oviedo, porque gobernar no puede ser el acto de una sola persona ni el culto al candidato. Paloma y Oviedo representan para mí una opción de gobierno seria, un equipo que suma experiencia, preparación, visión de país y la idea de que Colombia necesita gobernantes, no figuras que se crean imprescindibles.
Por eso no tengo mucho que pensar. Ni por Cepeda. Ni por Abelardo. Mi voto es por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, porque Colombia no necesita salvadores ni más circo político; Colombia necesita gobernantes, instituciones, carácter y un proyecto que represente la suma y no la destrucción.
Yo soy Aldrin García y quiero que PALOMA VALENCIA sea mi Presidenta.













