De la “extrema coherencia” a la incoherencia total: cuando el miedo se disfraza de estrategia

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Por: Aldrin García – Director Totus Noticias

En política hay frases que envejecen mal… pero hay posturas que te derrumban en tiempo récord.

Lo que estamos viendo hoy en un sector de la derecha colombiana no es solo una contradicción. Es una transformación acelerada: pasaron de hablar de “extrema coherencia” a instalarse cómodamente en la incoherencia total.

Y no es casualidad. Es miedo.

Porque cuando una candidatura siente que deja de crecer, deja de construir… y empieza a reaccionar. Y cuando la reacción reemplaza la estrategia, lo que aparece no es liderazgo: es desesperación.

Ahí están los hechos. Por un lado, la famosa “manada del Tigre” destruyendo el símbolo de la suma para decir que ellos “multiplican”. Una escena que pretendía ser potente, pero que terminó siendo profundamente reveladora. Porque en política, quien no sabe sumar, jamás podrá multiplicar.

Por el otro, el propio Abelardo de la Espriella saliendo a decir que Paloma Valencia es “más de lo mismo”.

Y aquí es donde la memoria empieza a incomodar. Porque ese mismo Abelardo que hoy señala a Paloma como parte de “lo de siempre”… fue el que hace apenas unos meses buscó entrar al proceso del Centro Democrático para aspirar a ser su candidato presidencial. Sí, el mismo “establecimiento” que hoy critica.

Entonces, ¿en qué quedamos?

¿Era válido cuando él quería estar ahí… pero ahora es cuestionable porque no lo dejaron?

Eso no es coherencia. Eso es conveniencia.

Y cuando la política se mueve por conveniencia, pierde credibilidad. Lo que estamos viendo no es un hecho aislado. Es un patrón.

La manada atacando.
El candidato descalificando.
El discurso endureciéndose.

Todo alineado… pero no hacia el crecimiento, sino hacia la división. Porque cuando no puedes crecer, intentas frenar al otro. Y eso tiene una explicación clara: las encuestas cambiaron.

Abelardo, que hace semanas parecía sólido en el segundo lugar, hoy siente cómo Paloma Valencia lo alcanza, lo iguala o incluso lo supera en varios escenarios. Y frente a eso, en lugar de replantear, eligieron atacar.

Influencers, artistas y voceros que dejaron el argumento para abrazar la descalificación. Que cambiaron la estrategia por el impulso. Que convirtieron la política en una reacción emocional.

Eso no es política.
Eso es rabia organizada.

Y la rabia tiene un problema: puede generar aplausos en la tribuna… pero afuera genera rechazo. Hace que la gente se aleje. Hace que incluso quienes podrían coincidir, prefieran no estar ahí.

Porque nadie quiere sumarse a un proyecto que se siente como una pelea permanente.

Aquí hay una verdad incómoda: cuando una campaña necesita atacar tanto a alguien de su mismo lado… no es por convicción. Es porque se siente amenazada.

Están asustados. Y eso explica todo.

Explica por qué destruyen la suma.
Explica por qué hablan de multiplicar sin haber sumado.
Explica por qué ahora Paloma resulta ser “más de lo mismo”…

Cuando hace poco querían ser parte de ese mismo “más de lo mismo”.

Ahí está la incoherencia.

Y lo más grave es que no solo afecta a un candidato. Está erosionando la credibilidad de toda una causa. Porque cuando la oposición se convierte en una guerra interna, deja de ser alternativa… y se convierte en espectáculo.

Mientras tanto, el verdadero adversario observa. Espera. Se beneficia.

Porque no hay mejor escenario para la izquierda que una derecha dividida, peleando entre sí, incapaz de entender que las diferencias no son debilidad… son parte del camino.

Aquí la lección sigue siendo tan simple como ignorada: para multiplicar primero hay que aprender a sumar.

Sin suma no hay mayoría.
Sin suma no hay proyecto.
Sin suma… solo hay ego.

Y cuando el ego entra, la política deja de ser estrategia… y se convierte en reacción.

Por eso hoy la pregunta ya no es solo incómoda… es inevitable:

¿El problema es Paloma… o el problema es que no dejaron ser Paloma?

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