No me van a obligar a odiar para votar

TotusNoticias

Por: Aldrin García – Director Totus Noticias

No entiendo en qué momento la política en Colombia dejó de ser un debate de ideas para convertirse en una fábrica de odio. Hoy pareciera que apoyar un candidato automáticamente te convierte en enemigo de alguien. Y si no repites el libreto de ciertos fanáticos, entonces vienen los insultos, los ataques personales y hasta las agresiones contra la familia.

Lo he vivido estas semanas por apoyar públicamente a Paloma Valencia. Y sinceramente me parece absurdo que en una democracia haya gente incapaz de aceptar que otro piense distinto. ¿Desde cuándo defender una postura política se volvió motivo para tratar a alguien como basura?

Yo no odio a quienes apoyan otros candidatos. No odio a quienes creen en Abelardo ni a quienes están con otros sectores. Pero sí me preocupa profundamente el fanatismo que se está tomando el debate político. Ese ambiente donde algunos creen que la política funciona como una barra brava y no como una democracia.

Y precisamente por eso terminé reafirmando aún más mi decisión de votar por Paloma Valencia.

Porque mientras muchos gritan, ella argumenta. Mientras otros viven de la confrontación permanente, ella entiende el Estado, conoce el país y lleva años haciendo oposición con preparación, firmeza y conocimiento. Colombia ya está demasiado rota como para seguir apostándole únicamente al espectáculo emocional.

Muchos creen que una elección se gana solo con rabia y discursos fuertes. Yo no. Las elecciones en Colombia se ganan construyendo mayorías. Y eso implica conectar no solo con la derecha, sino también con sectores moderados, independientes y ciudadanos cansados de los extremos.

Ahí está uno de los mayores errores que veo hoy: creer que las redes sociales representan al país completo. Un video viral emociona, sí. Un discurso agresivo mueve aplausos, también. Pero gobernar Colombia requiere algo mucho más complejo que tendencia digital y frases de TikTok.

A mí no me interesa elegir al candidato que más grita. Me interesa elegir a quien realmente pueda derrotar a la izquierda y además gobernar este país sin improvisaciones. Porque ya vimos lo que pasa cuando Colombia vota desde la emoción y no desde la cabeza.

Paloma podrá gustarle más a unos que a otros, pero nadie puede negar que tiene experiencia, preparación y una visión clara de país. Lleva años enfrentando debates difíciles, defendiendo sus ideas incluso cuando no era popular hacerlo y construyendo liderazgo político real, no solamente mediático.

Además, hay algo que muchos no quieren aceptar: Colombia no se gana únicamente radicalizando el discurso. El centro político existe. Los independientes existen. Y millones de personas rechazan los extremos vengan de donde vengan. Una candidatura demasiado polarizante puede terminar facilitándole el camino precisamente a quienes queremos sacar del poder.

También me cansé de ver cómo algunos intentan imponer el voto desde el miedo o desde la presión social. Como si apoyar a Paloma fuera motivo de burla o ataque. Pues no. Mi voto no lo decide una bodega, una tendencia o una campaña de insultos. Lo decido yo.

Y sí, apoyo a Paloma Valencia porque creo que Colombia necesita carácter, inteligencia, preparación y capacidad de unir sectores en un momento extremadamente delicado. No necesitamos más odio. No necesitamos más incendios emocionales. Necesitamos liderazgo real.

Las campañas pasarán. Las elecciones terminarán. Pero el nivel de intolerancia que estamos viendo sí debería preocuparnos como sociedad. Porque cuando dejamos de debatir ideas y comenzamos a destruir personas, el problema ya no es político. El problema ya es cultural.

Yo seguiré defendiendo mis ideas sin odio y sin fanatismo. Y seguiré votando por quien considero mejor para Colombia, aunque a algunos les moleste. Porque la democracia no consiste en pensar igual. Consiste en poder pensar distinto sin tener que destruirnos entre nosotros.

Comparte este artículo