Por: P. Omer Giraldo R. MXY
La Palabra de Dios en esta dominica del Tiempo Ordinario nos enseña, en la primera lectura del libro del Éxodo, que Moisés subió hacia Dios. Es hermosa esta imagen del Señor desde la montaña llamando a Moisés con su nombre propio. Te invito para que tú también escuches a Dios, quien desde lo alto de la montaña pronuncia tu nombre, te llama a escalarla y a cumplir su misión.
El canto himno que nos introduce nuestra reflexión semanal nos recuerda que el Señor Jesús, caminando por las orillas del mar de Galilea, pronunció mi nombre, pronunció tu nombre. “Me miraste y me llamaste por mi nombre” para enviarme. Es un llamado personal y, al mismo tiempo, un llamado para enviarnos como un nosotros, para que seamos sus testigos hasta los confines de la tierra.
Los invito para que escuchemos el Evangelio de esta dominica, tomado del evangelista San Mateo, en el capítulo 9.
En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”.
Y llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el de Alfeo, y Tadeo; Simón, el fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de Samaría; vayan, más bien, a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis lo han recibido; denlo gratis”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
La primera lectura de hoy, tomada del capítulo 19 del libro del Éxodo, nos relata cómo Dios escogió al pueblo de Israel entre muchos pueblos para realizar una alianza con él, mostrando su misericordia, guiándolos por el desierto y considerándolos el pueblo de su propiedad. “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. Me encanta esa bella imagen del águila que nos trae hoy el libro del Éxodo cuando Dios dice: “Los he llevado sobre alas de águila”.
Dios se convierte así en un puente de reconciliación con todos los pueblos y con toda la humanidad. Al enviarnos al Mesías, como lo afirma hoy San Pablo en su carta a los Romanos, nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido la reconciliación. Esta alianza de Dios con su pueblo se renueva y se concretiza en Jesús de Nazaret, quien elige a los doce, representantes de las doce tribus del nuevo pueblo de Dios, para establecer con ellos una nueva alianza.
El Evangelio de hoy comienza diciéndonos que Jesús, al ver la multitud, se compadeció de ella porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor. Allí encontramos la motivación central de Jesús para renovar la alianza de Dios con su pueblo, ahora representado en aquella multitud que ve cansada y abatida, caminando sin la guía de un pastor.
Y es por esto que Jesús elige a los apóstoles. Los llama por su propio nombre: Simón, llamado Pedro; Andrés; Santiago; Juan, su hermano; Felipe; Bartolomé; Tomás; Mateo; Santiago, el de Alfeo; Tadeo; Simón, el Cananeo; y Judas Iscariote. Advirtamos que lo primero que Jesús les dice a sus discípulos, antes de escoger a los doce, según el texto que nos trae hoy Mateo, es: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies”.
Este llamado de Jesús sigue hoy más vigente que nunca y se convierte en un llamado vocacional para que muchos jóvenes lo atiendan. Al mismo tiempo, es una invitación a vivir el espíritu de la compasión por los cansados y abatidos que encontramos en nuestro camino.
Los Misioneros Javerianos de Yarumal acogemos a muchos jóvenes que desean venir y madurar con nosotros su llamado vocacional para ser testigos del Señor entre muchos pueblos y culturas del mundo donde aún no ha llegado el Evangelio del amor que nos dejó Jesús de Nazaret.
Les pido también su oración y apoyo al programa de educación de muchos líderes indígenas, afrodescendientes, mestizos y campesinos de regiones periféricas de nuestro país, que adelanta el Instituto Misionero de Antropología, que ahora dirijo en nombre de la Conferencia Episcopal y que tiene un convenio con la Universidad Pontificia Bolivariana.
Este 15 de junio estaremos iniciando la presencialidad intensiva con más de 700 hermanos y hermanas indígenas de más de 40 etnias, afrodescendientes de muchas regiones del país y mestizos campesinos de regiones periféricas. Acompáñenos con su oración y su apoyo para que este programa de Iglesia, realizado en nombre de toda nuestra Iglesia colombiana, siga dando frutos para el bien de nuestros hermanos de la diversidad étnica de nuestro país.














