Cardenal Rueda pide desarmar el corazón para construir juntos una Colombia reconciliada

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En medio de un contexto nacional marcado por la polarización política, los desafíos sociales y la búsqueda de caminos hacia la reconciliación, el cardenal Luis José Rueda Aparicio hizo un llamado a los colombianos a promover una transformación profunda basada en el respeto, el diálogo y la paz. El mensaje fue pronunciado durante la Eucaristía central de renovación de la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, celebrada el pasado 12 de junio en la Catedral Primada de Bogotá, una tradición religiosa que se remonta a 1902 y que para la Iglesia Católica representa un compromiso permanente con el bien común y la reconciliación nacional.

Durante su homilía, el primado de Colombia recordó que el amor de Dios continúa acompañando la historia del país y puede convertirse en el fundamento para fortalecer una sociedad más justa, fraterna y solidaria. Según expresó, este amor debe traducirse en relaciones sociales, económicas, ambientales y políticas orientadas al bienestar colectivo, especialmente en momentos en los que el país enfrenta tensiones y profundas diferencias ideológicas.

El eje central de su intervención estuvo enfocado en lo que denominó tres grandes desafíos para avanzar hacia una Colombia reconciliada: desarmar el corazón, desarmar las palabras y desarmar las manos. El primero hace referencia a la necesidad de una revisión interior que permita superar sentimientos de odio, resentimiento, orgullo y autosuficiencia. Para el cardenal, la verdadera construcción de paz comienza en cada persona, mediante la escucha, la autocrítica y la capacidad de reconocer los propios errores.

Respecto al desarme de las palabras, el líder religioso invitó a recuperar la amabilidad y el respeto en los debates públicos, en la convivencia familiar y en las interacciones cotidianas, incluyendo aquellas que se desarrollan en redes sociales. Su llamado se produce en un momento en el que diversos sectores han advertido sobre el impacto de la polarización y el deterioro del lenguaje en la convivencia democrática.

El cardenal también insistió en la importancia de construir consensos que permitan afrontar los retos del país desde la diferencia, pero sin convertir al otro en un adversario irreconciliable. En ese sentido, planteó una reflexión dirigida a toda la sociedad colombiana: si existe la disposición real de trabajar juntos por el bien común, poniendo en el centro la dignidad humana y el respeto por quienes piensan distinto.

La ceremonia concluyó con la renovación de la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, mediante una oración en la que se pidió perdón por la violencia, el odio, la injusticia social y las economías ilegales que afectan al país. Asimismo, se elevó una plegaria por la vida, la verdad, el diálogo, la solidaridad y el cuidado de la creación. La Iglesia Católica reiteró que este acto espiritual busca fortalecer la esperanza y promover una cultura de reconciliación en un momento decisivo para el futuro de la nación.

La renovación de esta consagración posee además un profundo significado histórico para Colombia. La primera fue realizada el 22 de junio de 1902, en medio de la crisis generada por la Guerra de los Mil Días. Desde entonces, la Iglesia ha mantenido esta tradición como un símbolo de unidad nacional y una invitación permanente a construir la paz desde el compromiso personal y colectivo.

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