“Denles ustedes de comer”: la compasión que convierte la fe en solidaridad – Mensaje Misionero Dominical

P. Omer Giraldo R. MXY

Por: P. Omer Giraldo R. MXY

Reciban mi fraterno saludo desde la parroquia de San Casimiro, en el sector del Bronx, en la ciudad de Nueva York, donde participo por estos días en el programa conocido en inglés como Mission Appeal.

Se trata de una campaña de animación misionera que busca fortalecer el compromiso de los católicos de los Estados Unidos con la misión universal de la Iglesia, especialmente en aquellos países, pueblos y culturas donde aún no ha llegado plenamente el mensaje de Jesucristo.

Los Misioneros Javerianos de Yarumal somos invitados a participar en este programa para compartir nuestra experiencia misionera en diferentes lugares del mundo. De manera especial, presento el proyecto educativo que lideramos a través del Instituto Misionero de Antropología, IMA, junto con los Misioneros Javerianos de Yarumal y la Conferencia Episcopal de Colombia.

Este programa ofrece formación universitaria a líderes, educadores y agentes de pastoral pertenecientes a la diversidad étnica de nuestro país, mediante un convenio con la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

Gracias por apoyar este proyecto educativo y misionero, que busca brindar nuevas oportunidades de formación a los pueblos indígenas, las comunidades afrocolombianas y los campesinos de las regiones más apartadas de nuestra nación.

En la liturgia de este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, oramos con el Salmo 144:

«Abres tú la mano, Señor, y nos sacias».

Este salmo hace eco de la Palabra de Dios proclamada en el capítulo 55 del profeta Isaías:

«Todos los sedientos, vengan por agua; vengan también los que no tienen dinero. Coman gratuitamente trigo y alimento sin pagar».

El Señor prepara un gran banquete para su pueblo y le hace una promesa:

«Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que aseguré a David».

En las palabras del profeta Isaías, esta promesa alcanza su plenitud en Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne.

Por eso, san Pablo nos enseña en la carta a los Romanos que nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios. El Apóstol menciona algunas de las situaciones más dolorosas y difíciles que pueden presentarse en la existencia humana: la aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro y la espada.

El cristiano que ha acogido a Jesucristo como su Salvador puede encontrar en Él la fortaleza necesaria para afrontar las situaciones de sufrimiento, limitación y peligro que se presentan en su vida cotidiana.

Evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario.

Al saberlo, la gente lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó y vio aquella multitud, sintió compasión de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, los discípulos se acercaron a decirle:

«Estamos en un lugar despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vaya a los pueblos y compre algo de comer».

Pero Jesús les respondió:

«No hace falta que se vayan. Denles ustedes de comer».

Ellos le contestaron:

«No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces».

Jesús les dijo:

«Tráiganmelos».

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los entregó a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente.

Todos comieron hasta quedar satisfechos y, con los pedazos que sobraron, llenaron doce canastos.

Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

El pasaje de la multiplicación de los panes y de los peces comienza después de que Jesús recibe la noticia de la muerte de Juan el Bautista. Ante este acontecimiento doloroso, decide alejarse en una barca hacia un lugar tranquilo y apartado.

Sin duda, el asesinato de Juan fue para Jesús un motivo de profundo dolor y reflexión. Por eso busca un espacio de oración, silencio y encuentro con el Padre.

Este gesto nos enseña a vivir desde la fe los momentos difíciles que pueden presentarse en nuestra vida personal o familiar.

Quizás en este momento alguien esté atravesando una situación de angustia, pérdida o sufrimiento. La invitación es a buscar un espacio de silencio y oración para preguntarse qué quiere enseñarnos Dios a través de esa experiencia y cómo podemos encontrar en Él la fortaleza para continuar.

Sin embargo, cuando Jesús llega al lugar apartado, encuentra una multitud que lo busca y lo espera. San Mateo nos dice que Jesús vio a la gente, sintió compasión de ella y curó a los enfermos.

Este gesto nos muestra que los sufrimientos humanos están profundamente relacionados. El dolor que vive una persona en una región lejana no debería resultarnos indiferente, porque todos compartimos la fragilidad y la necesidad de ser escuchados, acompañados y socorridos.

La multitud busca a Jesús porque ha encontrado en Él una esperanza para sus enfermedades, sus angustias y su futuro incierto. Su compasión transforma la vida de quienes se encuentran con Él.

También nosotros podemos vivir un encuentro personal con Jesucristo y descubrir que esta es la tarea de la Iglesia. Cada uno de nosotros, como discípulos misioneros, está llamado a continuar la obra de misericordia y solidaridad de Jesús.

Cuando los discípulos le proponen despedir a la gente para que busque alimento, Jesús les responde:

«Denles ustedes de comer».

Con estas palabras, Jesús les enseña a asumir la responsabilidad frente al sufrimiento de los demás. No basta con reconocer las necesidades ni con enviar a las personas a buscar soluciones por su cuenta. El discípulo está llamado a involucrarse, compartir lo que tiene y generar respuestas creativas de solidaridad.

Esta enseñanza conserva toda su actualidad frente a las tragedias naturales, los desplazamientos, el hambre y las situaciones de pobreza que afectan a millones de personas, especialmente en África y América Latina.

A lo largo de más de dos mil años, la Iglesia ha procurado responder a esta invitación de Jesús mediante obras educativas, sanitarias, pastorales y sociales. Hoy seguimos aprendiendo del Señor el don de la compasión y de la misericordia.

Los Misioneros Javerianos de Yarumal invitamos a los jóvenes que deseen discernir y madurar con nosotros su vocación misionera ad gentes, es decir, la misión más allá de nuestras fronteras geográficas y culturales.

El Señor continúa llamando discípulos dispuestos a anunciar el Evangelio de Jesucristo entre pueblos y culturas donde aún no ha llegado plenamente la Buena Nueva y a expresar, con obras concretas, la solidaridad con los más pobres.

Bendiciones para todos.

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