¿Quién es Jesús para ti? La fe que permanece firme en medio de la fragilidad – Mensaje Misionero Dominical

P. Omer Giraldo R. MXY

Por: P. Omer Giraldo Ramírez, MXY

Oramos con el Salmo 137 en la liturgia de este XXI Domingo del Tiempo Ordinario:

«Señor, tu misericordia es eterna; no abandones la obra de tus manos».

Los recientes terremotos vividos en Venezuela el pasado 24 de junio y en Colombia el 10 de agosto nos han recordado con fuerza nuestra fragilidad como seres humanos.

La naturaleza nos enseña que no somos sus dueños, sino huéspedes pasajeros en esta casa común que compartimos. Por eso cobra especial sentido la oración del salmista: «Señor, no abandones la obra de tus manos».

También le pedimos a Dios que quite de nosotros toda actitud de soberbia, exclusión y discriminación hacia los demás. Con demasiada frecuencia olvidamos que compartimos el mismo planeta y la misma dignidad humana.

El salmo nos recuerda:

«El Señor es sublime, se fija en el humilde y de lejos conoce al soberbio».

San Pablo, en la segunda lectura de este domingo, tomada de la carta a los Romanos, nos invita a contemplar la profundidad insondable del misterio de Dios:

«¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué inescrutables sus caminos!»

A la luz de la Palabra de Dios, estamos invitados a vivir la misericordia del Señor en nuestra vida personal y familiar y a permanecer especialmente unidos en oración y solidaridad con las víctimas de los terremotos que recientemente han sacudido a nuestros pueblos.

Evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo y preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?»

Ellos respondieron:

«Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».

Jesús les preguntó:

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y respondió:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le dijo:

«Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Entonces mandó a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

La confesión de fe de Pedro en Jesucristo como Mesías e Hijo de Dios vivo se convierte en fundamento de la Iglesia como comunidad de fe. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha anunciado y seguirá testimoniando que Dios está presente en nuestra historia humana.

Pero la pregunta que Jesús dirige a sus discípulos continúa siendo decisiva para nosotros:

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

Esta pregunta no puede responderse únicamente por tradición, costumbre familiar o herencia cultural. La respuesta debe ser personal.

Por eso te invito a preguntarte con sinceridad:

¿Quién es Jesús para mí?

¿Qué lugar ocupa en mi vida?

¿Lo considero solamente un buen maestro, un sabio que dejó enseñanzas valiosas, un personaje importante de la historia o alguien a quien busco únicamente cuando necesito un milagro?

La fe cristiana comienza cuando cada persona puede responder desde el corazón, como Pedro:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Esta semana puede ser una oportunidad especial para pedirle a Dios la gracia de una fe auténtica y personal.

Jesús mismo le recuerda a Pedro:

«Eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».

En medio de la fragilidad y vulnerabilidad de nuestra existencia, Jesucristo se presenta como la roca firme sobre la cual podemos construir nuestra vida personal y familiar, siempre desde la humildad y alejándonos de toda actitud de soberbia.

Quiero recordar también que el Instituto Misionero de Antropología, IMA, que dirijo en nombre de la Conferencia Episcopal de Colombia y de los Misioneros Javerianos de Yarumal, ha hecho un llamado especial a la solidaridad con las víctimas del terremoto del pasado 10 de agosto.

Varios estudiantes del convenio del IMA con la Universidad Pontificia Bolivariana han resultado afectados y continúan afrontando las consecuencias del terremoto en sus resguardos y comunidades, especialmente en el Chocó y en la región de Buenaventura.

Gracias por su oración y por su apoyo solidario.

Quiero hacer también un llamado a los jóvenes que sienten inquietud por la vocación misionera. Jesús continúa llamando discípulos para la Missio ad Gentes, la misión entre pueblos y culturas más allá de nuestras fronteras.

Los invitamos a acercarse a los Misioneros Javerianos de Yarumal y a nuestro Seminario de Misiones para discernir y madurar esta vocación.

El mundo necesita hoy nuevos discípulos misioneros capaces de anunciar a Jesucristo entre pueblos, lenguas y culturas donde aún no ha llegado plenamente la riqueza del Evangelio.

Sean todos bienvenidos.

Una feliz y bendecida semana para todos.

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