Por: Federico Senior
Asistimos a la pre-inauguración del gobierno del presidente Abelardo De La Espriella, llegará a considerarse este periodo en el futuro, como el prólogo del libro en el que se escribió la historia de la Nueva Colombia, la que él ha bien llamado “La Patria Milagro”.
La escogencia del nuevo gabinete, de los altos cargos, la presencia en las regiones, las decisiones de descentralizar la gestión ejecutiva y la consecuente relación directa con los gobernantes de cada ente territorial, la determinación de acabar con la burocracia inútil y onerosa, iniciando con la eliminación de embajadas y consulados que sobran, la decisión taxativa de devolver el orden, de eliminar el tráfico de drogas, los cultivos ilícitos, el abandono total del histórico sistema de gobierno a base de otorgamiento de privilegios y prebendas, de negociaciones con los clanes o partidos políticos de cargos en el gobierno, la intermediación de los congresistas en el otorgamiento de “cupos” para la ejecución de obras, a cambio de coimas, y hechos o circunstancias que parecieran irrelevantes, pero que en la realidad son definitivas para mostrar que el verdadero talante del nuevo gobernante, son la honestidad, la eficiencia , el contacto directo con la población y la alegría, si, la alegría de vivir, de haber rescatado al país del profundo pozo de la desidia, el desorden, la corrupción, la vulgaridad, la desfachatez, el irrespeto por la gente y la degradación de la majestad presidencial, alegría de saber que por fin tendremos en el gobierno al amigo y no al perseguidor, alegría de saber, que sí vamos a poder dejarle a nuestros hijos, un país libre, seguro y próspero.
Llama la atención, el notar que, en el discurso del nuevo presidente, es raro oírle propuestas de nuevas leyes, o de cambios estructurales, se puede entender que al no estar proponiendo tales reformas, por un lado, está evitando el desgastante debate con la oposición, retrógrada, absurda y dogmática por demás, y así, lograr que sus actuaciones tengan efecto inmediato, amparadas bajo el cumplimiento de la ley, de la actual, la vigente.
El vicepresidente lo dijo, Colombia es un país repleto de leyes, decretos, resoluciones, normas, prohibiciones, sobran, basta entonces con escoger las buenas, las que benefician al pueblo y a la nación, para ello y, haciendo uso de su personal premisa, la de aceptar que no se las sabe todas y que para gobernar bien es esencial rodearse de expertos, no ha hecho cosa distinta, que conformar un equipo insuperable.
En economía, justicia, relaciones exteriores, medio ambiente, política, sin excepción en todos y cada uno de los ministerios, sus titulares, a nadie le cabe duda que son los mejores, encabezando la lista, el vicepresidente; con ello, está garantizando de antemano el éxito que tanto necesitamos.
Así, los líderes de cada sector de la vida pública, de la económica, saben de que manera actuar de la más eficaz manera, puesto conocen en profundidad, como hacerlo, rápido y seguro.
Ya el aire que respiramos es diferente, es diáfano, los malos olores solo llegan cuando se ventila la basura del actual gobierno al destapar la caneca de sus detritos, más a podrido no pueden oler, cada escándalo es más ignominioso y nauseabundo, no hay dignidad que no se haya irrespetado, delito que no se haya cometido, desfachatez que no se haya logrado y superado, por fortuna sabemos, que solo será por pocos días, muy pocos.
Bienvenidos a la Nueva Colombia, a la Patria Milagro, al imperio de la ley y el orden, y lo mejor aún, al reino de la alegría.














