Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
No es fácil entender la verdadera motivación de las controvertidas determinaciones de Petro. Para mi generación, leer entre líneas era una habilidad que se usaba para interpretar los pensamientos e intenciones ocultas de quien escribía.
Cuando El Tiempo estaba en manos de don Eduardo Santos y ejercía como dueño de la voluntad de este país, muchos colombianos de provincia aguzaron su herencia de zorros y se fueron convenciendo de que una cosa era lo que decía el ejemplar impreso que llegaba hasta sus remotas regiones, y otra la verdadera intencionalidad de la noticia o de la columna de opinión. En otras palabras, el país le creía a El Tiempo, pero desconfiaba de sus verdaderas intenciones.
El paso de los años, los giros que dio la política y la masiva alfabetización de colombianos fueron difuminando esa prevención sobre el periódico de los Santos, pero quedó la semilla y, por estos días de redes, IA y Petro, la desconfianza ha vuelto a germinar.
El ejemplo es fresco y lleva a preguntarse qué hay detrás del nombramiento del exalcalde Quintero a la Supersalud. Parecería que a Quintero le están dando un premio por haber desbaratado el espíritu ideal de la consulta de la izquierda y facilitado, con su halo fantasmagórico, la renuncia del grupo más representativo de los zurdos que aspiraba a esa candidatura, propiciando la entronización de Cepeda, hígado y cerebro del mamertismo estalinista, contra las opciones progresistas que enarbolaban los que tuvieron que irse cuando Quintero llegó como ave agorera.
Los colombianos curtidos no creemos, a estas horas de la vida, que la gratitud rija las conciencias de Petro o de Cepeda, por lo que damos pábulo a pensar que la verdadera razón está entre líneas y que debe haber, a lo menos, una batalla que, de sorda, ha pasado a ardiente, y que los inteligentes malabares políticos de Petro son para que no lo llamen esquirol. ¿O será mejor preguntarle a Roy…?














