Colombia Unida en Defensa de la Democracia

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Por: Rafael Rodríguez-Jaraba*

Lo que estará en juego el próximo domingo 21 de junio, no es la elección de un presidente, es la continuidad de la democracia o la implantación del comunismo, fallido, regresivo y anacrónico modelo que siembra ilusiones y esperanzas, y solo cosecha violencia, frustración y miseria. De ahí la decisiva importancia de que la nación entera concurra a las urnas a ejercer su derecho al voto y a ratificar su vocación democrática.

Por mi parte, en defensa del Estado de Derecho y con profunda convicción cívica, jurídica y académica, votaré por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, quienes encarnan la esperanza de una patria mejor, en la que se destierre la corrupción, el desgreño y la ineficiencia, y se entronice la ciencia, la virtud, la diligencia y la pulcritud.

Mientras que Abelardo de la Espriella busca restablecer el orden y preservar la democracia desterrando los vicios que la aquejan, el señor Iván Cepeda, candidato de la izquierda radical, pretende hacerse elegir en ella para luego destruirla e implantar la anarquía.

No debe olvidarse que el señor Cepeda ha sido incondicional camarada y defensor de las Farc y de Iván Márquez, y fungió como protector de Jesús Santrich y de otros tantos criminales.

Sobrecoge la falta de reflexión de algunos ciudadanos ingenuos, desinformados o que no han tenido el privilegio de la educación, que aún siguen apoyando a Petro y dócilmente se plegarán a votar por su sucesor. También sobrecoge la malevolencia de sujetos como Ernesto Samper Pizano, que apoyan y exhortan a votar por el ideólogo de la mal llamada “Paz Total” que busca perpetuar la violencia y la impunidad.

De ganar Abelardo de la Espriella, la tarea que le espera es monumental, desafiante y demandante. Tendrá que diseñar y articular una reforma estructural que corrija las desigualdades sociales que dividen la nación.

Deberá ser implacable en la lucha contra la corrupción, solvente en economía, austero y acendrado en administración, afecto a la planeación, obcecado por la educación, paladín del orden y respetuoso de la ley y la justicia, sin cejar en la guerra frontal contra el narcotráfico y el terrorismo, y menos en la lucha contra la pobreza y la exclusión.

Para acortar el camino al desarrollo, Abelardo de la Espriella deberá renunciar al conformismo que depara la evolución previsible de un modelo económico conservador, incapaz de modificar la realidad del mercado y tan solo bueno para atacar los efectos y no el origen de la causa de los problemas.

La meta de su mandato deberá ser la construcción de un nuevo modelo audaz y sostenible, capaz de provocar expansión económica, dinamizar la generación de empleos, resolver las necesidades de la población vulnerable, redimir el sistema de salud, universalizar y despolitizar la educación, recomponer la justicia y restituir la capacidad de las fuerzas militares y de policía para así poder ambientar la paz que asegure la gobernabilidad.

Respetando con celo la iniciativa y la propiedad privada, deberá detener la concentración de la riqueza y mejorar su redistribución; solo así logrará consolidar la democracia y desterrar la demagogia populista que asola la región.

Cerrar la brecha entre pobres y ricos es urgente y no da espera, pero hacerlo otorgando subsidios y subvenciones paternalistas que aumentan el déficit, el endeudamiento y los impuestos, es engañoso y peligroso.

La política fiscal en Colombia es gravosa, irracional e inequitativa, causa desigualdad, obstruye el crecimiento, desalienta el empleo, castiga el consumo y otorga injustos beneficios a sectores solventes, por lo que, para promover la inversión, reducir la pobreza, aumentar la demanda y alentar el crecimiento, es prerrequisito que el nuevo Gobierno reduzca la carga impositiva, estirpe la elusión y la evasión fiscal, y elimine los impuestos al empleo, al consumo de bienes básicos y a la formalidad.

El gobierno de Abelardo de la Espriella bajo el liderazgo de José Manuel Restrepo tendrá que acometer una reforma fiscal inspirada en equidad vertical y horizontal, en la que los impuestos sean proporcionales y progresivos al ingreso y en la que se excluyan o reduzcan los gravámenes a la canasta familiar, la salud, la educación, la vivienda, los combustibles, los bienes de capital, los servicios públicos domiciliarios, así como aquellos bienes que el país no produce o cuya producción es insuficiente.

También deberá restituir la competencia en el mercado financiero, modificar la metodología de cálculo de las tasas de interés, acabar los abusivos costos bancarios y detener la escalada de precios concertada por sectores protegidos que abusan de su posición dominante.

Una tarea tan compleja y exigente, demanda carácter, valor y formidables capacidades, cualidades y virtudes, de ahí la necesidad de elegir a Abelardo de la Espriella quien las reúne, y para lograrla, deberá conformar un gobierno en el que converjan las mejores y más esclarecidas inteligencias del país.

Invito a mis lectores a defender la libertad y el Estado de Derecho, votando por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, y así asegurar que los mejores días de Colombia estén por venir.

P.D. Repugna escuchar a Juan Manuel Santos dando consejos al próximo presidente e intentando reivindicar lo que fue su perverso gobierno. La historia recordará a Santos como insuperable traidor, inepto, indelicado y desvergonzado corruptor. La nación no debe olvidar que Santos es el artífice de que Colombia sea un vergel de coca, templo de criminales y santuario de la más vulgar y cínica impunidad.       

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*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Litigante, Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Catedrático Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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