En una decisión estratégica orientada a blindar la seguridad nacional de cara al año electoral, el presidente Gustavo Petro anunció este fin de semana una renovación casi total de la cúpula de las Fuerzas Militares. El mandatario confirmó la salida del actual comandante general y de dos de las tres cabezas de las ramas militares, designando en el máximo cargo castrense al general Hugo Alejandro López Barreto, quien se desempeñó como negociador en los diálogos de paz con la guerrilla del ELN.
El remezón, oficializado a través de los canales institucionales de la Casa de Nariño, busca alinear a la Fuerza Pública con los «desafíos del 2026», periodo en el que el Ejecutivo ha definido como prioridades absolutas la defensa de la democracia y la garantía de la seguridad en los territorios. La llegada del general López Barreto a la comandancia general de las Fuerzas Militares marca un cambio de liderazgo clave; el oficial, del arma de Caballería, reemplaza al almirante Francisco Hernando Cubides y es reconocido por su perfil conciliador y su experiencia previa en la mesa de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional.
Junto al nombramiento de López Barreto, el presidente Petro realizó movimientos significativos en las comandancias de fuerza. En el Ejército Nacional, el mayor general Royer Gómez Herrera asume la dirección en reemplazo del general Luis Emilio Cardozo Santamaría. Gómez Herrera recibe el mando de la tropa más numerosa del país con la misión de recuperar el control territorial en zonas críticas de orden público. Por su parte, la Fuerza Aérea (ahora Fuerza Aeroespacial) estará bajo el mando del mayor general Carlos Fernando Silva Rueda, quien sustituye al general Luis Carlos Córdoba Avendaño.
La Armada Nacional fue la única rama que mantuvo cierta continuidad en su línea de mando operativa, aunque se ajustaron posiciones en el Estado Mayor Naval. Con estos cambios, el Gobierno Nacional configura un equipo de altos oficiales de su entera confianza para afrontar la recta final del mandato, apostando por una estrategia que combine la ofensiva contra grupos armados ilegales con la implementación de las políticas de paz total que, hasta el momento, han sido eje central de la administración.
Analistas del sector defensa han interpretado esta decisión como un mensaje de autoridad y recomposición interna. La salida de altos mandos como el almirante Cubides y el general Cardozo sugiere una evaluación rigurosa de los resultados operativos del último año. La nueva cúpula tiene ahora la responsabilidad de ejecutar el plan de seguridad para las elecciones de 2026, un reto logístico y operacional que requerirá la plena coordinación entre el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea bajo la nueva directriz del general López Barreto.


















