Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Al estadio de Medellín le van a quitar el nombre de Atanasio Girardot, que ha usado por decenas de años. La necesidad de financiar su reconstrucción ha llevado al alcalde de la capital paisa a realizar todos los trámites correspondientes ante el Concejo de Medellín para vender el nombre de ese escenario deportivo.
La determinación no es de extrañar, porque hasta de los más representativos estadios y coliseos se han apoderado en el mundo las grandes firmas comerciales que financian su reconstrucción y mantenimiento. Pero sí es de preocuparse para el futuro, porque en este país, como no volvió a enseñarse historia en los colegios y escuelas, los grandes personajes que hicieron la patria se van perdiendo en el olvido.
Medellín y Antioquia eran la excepción. Ha sido en esa ciudad y esa región donde se habían conservado, con orgullo paisa, los nombres y los apellidos de quienes, en momentos difíciles, hicieron a Colombia.
Girardot fue uno de ellos, aunque murió a los 22 años en una de las primeras batallas que Bolívar libraba en Venezuela, en 1813. Como era antioqueño, bautizado en La Candelaria, y gozaba del prestigio que da la esperanza a muchos jóvenes admirados desde sus aulas de aprendizaje, el país paisa lo volvió un héroe y el Libertador Bolívar se encargó de ribetearlo ante la historia.
Pero, como el tiempo pasa y los hombres de hoy parecen surgidos de una IA y no del cruce de sangres, esfuerzos, sacrificios e ilusiones, el borrón hacia atrás se va dando en la misma medida en que galopa hacia adelante el progreso, dejando a un lado del camino desde los libros hasta los recuerdos gratos.
Medellín, pues, va a tener estadio, pero nadie va a tener cómo recordar a Girardot y mucho menos a su mito. Todo se vende, hasta la memoria de la patria.














