Desde la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Puerto López, Mons. Misael Vacca Ramírez, arzobispo de Villavicencio, inicia la jornada dando gracias a Dios por el don de la vida, la salud y la oportunidad de seguir sirviendo. Su reflexión está marcada por una realidad que sigue interpelando al país: el sufrimiento de las familias afectadas por el reciente terremoto. Allí, acompañado por el padre Fredy Albeiro, párroco de la comunidad, y por el padre Jonathan, responsable del Banco de Alimentos, el arzobispo recuerda que la fe cristiana no puede permanecer indiferente ante el dolor de los hermanos, sino que debe traducirse en cercanía, fraternidad y acciones concretas.
El padre Fredy comparte el trabajo pastoral que viene realizando la parroquia con iniciativas como Emaús, Semillitas, Emaús Parejas y Revolución Juvenil, pero destaca especialmente la respuesta solidaria que sacerdotes, colegios, jóvenes y comunidades de Puerto López han tenido frente a la emergencia. Por su parte, el padre Jonathan explica que la red de Bancos de Alimentos de Colombia ha logrado movilizar 32 toneladas de ayudas, entre alimentos, elementos de aseo, enseres y comida para mascotas, destinadas a las comunidades más afectadas. Su llamado es claro: esta emergencia no termina con las primeras entregas; la reconstrucción y el acompañamiento requerirán perseverancia, organización y generosidad durante mucho tiempo.
Mons. Misael concluye invitando a que la solidaridad sea no solamente afectiva, sino también efectiva y organizada. Abrir el corazón es el primer paso, pero también es necesario actuar responsablemente, entregar las ayudas por canales confiables y evitar que personas inescrupulosas se aprovechen de la generosidad de los fieles. Encomendando a las familias afectadas a la Santísima Virgen María, deja una enseñanza profundamente pastoral para comenzar el día: ante el dolor del hermano, el Evangelio nos llama a permanecer unidos, a tender la mano y a demostrar con obras que seguimos siendo una sola familia.














