Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Los dos problemas más graves que tiene el país son la inseguridad y la corrupción. Hasta ahora, ninguno del racimo de candidatos ha sido capaz de presentar una solución que arrastre al colombiano sufrido a apoyarle.
La inseguridad se palpa en la ciudad y en el campo. Existen censados 18 ejércitos de traquetos protegiendo 300 mil hectáreas de coca. De la misma manera, se calcula que hay por lo menos 1.500 circuitos criminales operando en las 10 ciudades más grandes del país, ejerciendo la extorsión, el menudeo de alucinógenos y cobrando peajes en sus barriadas, brindando “protección”.
A unos y otros se los podría combatir con unas fuerzas militares modernas, actualizadas y respaldadas, pero ellas no existen. Proponer, entonces, combatir a los ejércitos de traquetos fumigando con drones áreas específicas que reduzcan el daño ambiental es arrebatarles el sustento.
En las ciudades hay que hacer algo igual: basta desmontar la corrupta fuerza policial y reemplazarla por una Gendarmería Nacional, profesional y respaldada por alcaldes y gobernadores. Sin coca no hay plata para sostener los ejércitos de los traquetos, y sin corruptelas citadinas uniformadas el orden puede volverse a imponer sobre la base del respeto de unos por otros.
De la misma manera, un candidato que proponga la suspensión total de las OPS (órdenes de prestación de servicios) y reemplazar las contralorías por tribunales de cuentas respaldados por la inteligencia investigativa y con funciones de policía judicial, estaría atacando de frente el cáncer de la corrupción.
Implementar 20 mil drones que fumiguen las 300 mil hectáreas de coca no es tan costoso. Crear los tribunales de cuentas, arrebatándoles presupuestos a los políticos que manejan las contralorías, tampoco es imposible, ni mucho menos una locura.
Lo que sí parece de locos es pensar que haya un candidato que lo proponga.















