EL PÉNDULO

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Por: Héctor Quintero Arredondo

Me encanta la construcción mental que permite asociar figuras de las llamadas ciencias exactas (física, geometría, álgebra, entre otras) a la ciencia política. El péndulo tiene un movimiento de vaivén periódico que se rige por la gravedad y la longitud del hilo.

Con su pariente cercano, «el voto castigo», el péndulo, en su vaivén, hace que su oscilación llegue de un extremo a otro en el asunto de las preferencias de los electores para la escogencia de quienes ejercerán el poder.

A veces, los movimientos pendulares en política no tienen mayor importancia. Cuando se mueve el hilo entre extremos democráticos, no sufre la respiración. Pero cuando la oscilación se presenta entre puntos más lejanos, como la democracia occidental, el comunismo o la teocracia oriental, el asunto se torna mucho más complicado.

El apoyo popular que llevó a ADLE al poder es un claro empujón del péndulo, pero se tiene que pensar en la posibilidad de que el péndulo puede oscilar en sentido contrario al recorrido que se hizo el 21 de junio.

ADLE tenía que empujar duro en su planteamiento sobre el ejercicio del poder. Pero, al hacerlo, produjo una acción que puede tener peligrosas reacciones y, por ello, su equipo de gobierno debe tener capacidad, honestidad a toda prueba y sagacidad desbordante, entre otras cosas, porque la experiencia en el manejo de la «cosa pública», la res publicae de que hablaron los romanos, no parece ser flor silvestre en sus cuadros. Y escribamos acá una frase dura: si no se expulsa con gran velocidad a los burócratas petristas, ellos actuarán como los tumores malignos.

ADLE conducirá un Estado regido por una democracia imperfecta en grado sumo, según la última calificación del reputado The Economist.

Al frente encontrará un Congreso acostumbrado a que lo compren con partidas presupuestales y puestos públicos; una administración de justicia que, para la mayoría, es lenta y cuyos fallos, en muchos casos, no representan la dignidad que debe inspirar la aplicación de la justicia.

Regiones olvidadas. Falencias en la salud, carencia de vías secundarias y terciarias, educación deficiente, insuficiencia en la construcción de vivienda, poca cobertura en agua potable y alcantarillado, mientras el 86 % de los recursos estatales se los lleva la Nación, que acusa niveles de corrupción nunca vistos.

Fuerzas Armadas cuestionadas, regiones del territorio en manos de la delincuencia, en donde se puso de moda «el voto fusil», perniciosa creación de los violentos, e inseguridad rampante.

¡Qué paradoja! La tenebrosa situación fiscal parece, en medio de este cuadro trágico, la menos catastrófica, y se sabe que el Vicepresidente ya supo capotear una crisis fiscal cuando, en el gobierno Duque, algún copietas de recetas mágicas casi nos hace ver la caída del gobierno.

Los partidos, con representación en el Congreso, pero sin legitimación popular. Son solo fábricas de avales…

Así que quienes creen que el 21 de junio se agotó un ciclo están muy equivocados. La tarea apenas empieza.

Que no se venga encima el peso de la devuelta del péndulo, sino que, por el contrario, encontremos la fuerza para impulsar el desarrollo sostenible, que, según Pablo VI, es el verdadero nombre de la paz.

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