La más reciente medición de la firma Guarumo para El Tiempo sobre intención de voto para las elecciones presidenciales de 2026 muestra un escenario de contrastes entre la primera y la segunda vuelta, en el que Iván Cepeda lidera con el 38 %, pero sin lograr ampliar su ventaja, mientras Paloma Valencia emerge como la candidata con mayor proyección en un eventual balotaje.
Según los resultados, Cepeda encabeza la intención de voto en primera vuelta con 38 %, seguido por Abelardo de la Espriella con 23,9 % y Paloma Valencia con 22,8 %. La diferencia entre el segundo y tercer lugar es mínima, lo que refleja una competencia cerrada por el paso a la segunda vuelta. Otros candidatos aparecen con porcentajes significativamente menores, consolidando un escenario de alta concentración del voto en los tres primeros aspirantes.
El dato clave del estudio se presenta en los escenarios de segunda vuelta. Allí, Paloma Valencia logra superar a Cepeda con un 44,6 % frente a 40,1 %, evidenciando una mayor capacidad de crecimiento y de captación de votantes de otros sectores políticos. Este comportamiento sugiere que, aunque Cepeda mantiene una base sólida, su techo electoral limita su expansión en una contienda definitiva.
En contraste, cuando Cepeda es medido frente a Abelardo de la Espriella, el resultado muestra un empate técnico, con 40,6 % frente a 40,4 %, lo que refuerza la idea de un electorado fragmentado y altamente competitivo. Sin embargo, la ventaja de Valencia en el escenario de segunda vuelta la posiciona como la candidata con mejor desempeño en la fase decisiva de la elección.
El análisis de los datos evidencia que el liderazgo de Cepeda en primera vuelta no se traduce automáticamente en una victoria final, mientras que Valencia consolida un perfil competitivo que le permite crecer más allá de su base inicial. Este fenómeno es consistente con la redistribución de votos de candidatos que no alcanzan la segunda vuelta, factor determinante en el resultado final.
La encuesta también refleja un nivel relevante de voto en blanco y de indecisión, lo que indica que aún existe un margen importante de electores por definir su preferencia, lo que podría influir en el desenlace de la contienda presidencial.














