¿Por qué el desespero tan verraco de la secta Abelardista?

TotusNoticias

Por: Aldrin García Balvin – Director de Totus Noticias

Hay algo más revelador que cualquier encuesta: el nerviosismo. Y yo lo digo sin rodeos, como palomista: cuando todos los días veo en X —sí, en Twitter (X)— cómo le disparan sin descanso a Paloma Valencia, entiendo perfectamente quién está incomodando de verdad. Porque en política no atacan al débil… atacan al que puede ganar.

Lo que estamos viendo ya no es debate ni diferencia de criterios. Es una secta digital organizada, una especie de religión política que se hace llamar “la manada del tigre”. No argumentan, no contrastan, no proponen. Se dedican a repetir un libreto con disciplina casi militar: tumbar a Paloma como sea, al costo que sea.

Y el libreto es tan evidente que ya parece copia y pega: que si Paloma está “caída”, que si está “infiltrada”, que si “no conecta”, que si “no pasa”, que si “Abelardo arrasa”. Lo dicen en videos, memes, hilos y gráficas recicladas. No buscan convencer… buscan desgastar. Y en ese desgaste constante creen que están construyendo algo, cuando en realidad están destruyendo confianza.

Pero hay una verdad incómoda que no pueden ocultar: ese nivel de obsesión no nace de la seguridad, nace del miedo. Porque si Paloma no fuera competitiva, si no representara una amenaza real, simplemente la ignorarían. Pero no pueden. Porque saben que está en la pelea de verdad.

Mientras tanto, nosotros —los que creemos en Paloma— estamos en otra lógica. No necesitamos gritar más duro ni inventar tendencias. Apostamos por trayectoria, por carácter, por capacidad real de gobernar. Porque esto no es un concurso de likes… es una elección presidencial.

Ahora, hay que decirlo con claridad: Abelardo de la Espriella puede meterse en segunda vuelta. Tiene visibilidad, tiene discurso y tiene una base digital que hace ruido. Nadie serio lo niega. Pero otra cosa muy distinta es ganar esa segunda vuelta. Y ahí es donde su relato empieza a caerse.

Porque una campaña basada en atacar al que no piensa como ellos, en dividir el mismo electorado y en imponer una pureza ideológica artificial, puede servir para crecer en redes… pero no para construir mayorías. Y sin mayorías, no hay Presidencia. Así funciona la política real, no la del algoritmo.

Y aquí está el error que los puede condenar: creen que destruir al posible futuro aliado es estrategia. No lo es. Es torpeza política. Porque lo único que están logrando es cerrarse puertas para la segunda vuelta. Están sembrando rechazo donde deberían estar sembrando confianza. Y eso, históricamente, se paga caro.

El escenario es tan evidente que hasta el propio Iván Cepeda lo debe estar viendo con calma. No porque la derecha esté dividida, sino porque están atacando precisamente a una candidata fuerte. Y eso, para él, es perfecto: quedarse sentado esperando a que pase Abelardo, que incluso dentro de su propio entorno reconocen como el más fácil de derrotar.

Lo que hace esta secta digital es repetir el mismo error de hace cuatro años. Creen que con ruido, con rabia y con tendencia pueden reemplazar estructura, alianzas y estrategia. Pero la política ya les dio una lección con Rodolfo Hernández: llegar no es ganar. Inflarse no es gobernar.

Es una manada que ruge fuerte en redes, que fija agenda digital por momentos, que se siente invencible en el timeline… pero que no ha demostrado que pueda traducir ese ruido en una mayoría real de país. Y eso es lo único que importa cuando se abren las urnas.

Al final, aquí no se trata de quién gana la pelea interna. Se trata de quién puede ganar la guerra. Y hoy, con cabeza fría y sin fanatismos, hay una realidad que incomoda a muchos: Abelardo puede pasar a segunda vuelta… pero la pierde. Paloma, en cambio, es la única que tiene con qué enfrentar y derrotar al heredero político de la izquierda.

Por eso el desespero. Porque en el fondo lo saben. Porque entienden que están ante una candidata que no solo compite… sino que puede ganar. Y cuando la estrategia no alcanza, aparece la secta.

Y si alguien todavía no lo quiere ver, que lo anote desde ya: Abelardo y su manada no son la novedad política que creen ser. Son, peligrosamente, un Rodolfo versión 2.0.

Comparte este artículo