Por: Gabriel Zapata Correa
Cada día que el gobierno del autoritario presidente Petro hunde más a Colombia en el fango de la desesperanza y de la corrupción, se fortalece la idea de que los colombianos tenemos que salir a votar con sensatez, sin sectarismos, pensando únicamente en el futuro de la patria.
No es un absurdo pensar en que el país ya está en el abismo, con un dictadorzuelo convencido de que no estamos en Cundinamarca sino en Dinamarca, y, como lo dijo esta semana el autócrata que se da ínfulas de progresista, Colombia no atraviesa por una crisis de orden púbico y la mal llamada Paz Total no pasa por una crisis, porque estos son los problemas que se han presentado en todos los gobiernos.
Pese a los atentados terroristas en la Vía Panamericana, que se han centrado en contra de la población civil, Petro no se ha atrevido ni siquiera a lanzar un mensaje en sus redes sociales, expresando su solidaridad con las humildes familias que perdieron a sus seres queridos, seguramente porque no quiere presionar, intimidar e incomodar a los cabecillas de estas bandas de traquetos criminales que lo respaldaron en su campaña política algunos de los cuales hicieron parte del Pacto de La Picota.
El dato mata el discurso. El traslado a Bogotá de los reclusos involucrados en la reciente fiesta vallenata no autorizada en la cárcel La Paz de Itagüí, en la que participó el cantante Nelson Velásquez, ordenado por el presidente Gustavo Petro el 13 de abril de 2026, sigue pendiente de ejecución debido a dificultades operativas y jurídicas. Increíble.
La complejidad para cumplir la disposición presidencial radica en varios factores administrativos y legales, de acuerdo con Caracol Radio.
Solo dieciséis personas privadas de la libertad serían trasladadas, mientras que siete ya se encuentran en libertad. Este grupo no es homogéneo: la lista incluye a los hombres que aún cumplen condena y aquellos que ya recuperaron su libertad, lo que implica diferencias logísticas y legales en cualquier traslado, según informa Infobae.
Una de las primeras decisiones pendientes es determinar si los dieciséis permanecerán en un solo centro penitenciario o si cada uno regresará a la cárcel donde estaba recluido antes de ser concentrado en Itagüí.
¿Pero es esa la explicación de fondo? ¿Es esa la verdad que rodea este misterio, o hay unos compromisos que implican de por medio el incumplimiento de la palabra del presidente Petro?
Vale recordar que los escándalos vienen rodeando a los capos de la cárcel de Itagüí, desde que, por las influencias de la senadora del Pacto Histórico, Isabel Cristina Zuleta, fueron sacados de ese centro de reclusión, para ser llevados al famoso “Tarimazo”, un acto que además de su mensaje político de alcahuetería con estos sus aliados mafiosos, tenía la intención de expresarles al gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón y al alcalde Federico Gutiérrez, el odio que se les tiene desde esta administración.
Esta debe ser una de las razones por las cuales el dictadorzuelo no ha hecho realidad su anuncio de trasladar a sus amigotes bandidos de la cárcel de Itagüí. El tiempo es el mejor amigo e indicador de estos casos Y los hechos matan el discurso.
Y tampoco puede Petro salir a decirnos a los colombianos que la salud no es desastre, cuando se incrementa el número de pacientes muertos por el abandono de la Nueva EPS y de las EPS intervenidas por el gobierno. Y por el problema que no ha sido resuelto de los medicamentos.
Es indudable que Petro y su ministro de la Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, acabaron con la salud en Colombia, porque han demostrado que sus decisiones están enmarcadas por el odio y la venganza por las EPS y el sector privado vinculado a la salud. O si no, valer recordar su última intervención por televisión, en la cual no hizo una sola alusión a los problemas de la EPS intervenidas por él que causan tantas muertes, ni a los líos interminables con los medicamentos. Para Petro pareciera que viviéramos en un país nórdico.
Y eso que no repasamos el desastre de la atención a los niños en el ICBF y tampoco tratamos el abandono a centenares de miles de jóvenes ahorcados con los créditos del Icetex, entre otros conflictos no de menor calibre como la corrupción.
Al presidente Petro, como buen dictadorzuelo, no le interesan los problemas actuales del país, ni los pobres, ni los niños, ni los enfermos, ni los pueblos abandonados a su suerte en manos de los traquetos mafiosos criminales, porque está dedicado a la política como jefe de debate de su candidato Iván Cepeda.
Por eso este es el momento para que los colombianos piensen con sensatez cómo van a votar en la primera vuelta. Y si es el momento para darle el voto de confianza a la continuidad de este gobierno nos tiene en el fango del desastre y de la miseria.














