LAS IBAÑEZ 2026 – Crónicas de Gardeazábal

TotusNoticias

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

El espectáculo que han estado brindando por estos días un par de féminas hermanas, con su poder alrededor del presidente Petro, no es cosa nueva en el tradicional chismerío bogotano.

Muchos años ha, en plena campaña libertadora, Nicolasa y Bernardina Ibáñez, oriundas de Ocaña, hicieron de su gracia amorosa, de su belleza atrayente y de su habilidad mayúscula una herramienta de poder que hizo pasar por sus manos a Santander, vicepresidente del Libertador, y a Florentino González, el fulminante ministro de Hacienda de la patria recién estrenada.

Dicen también que una y otra llegaron a manos de Bolívar y del presidente Márquez, pero no se pudo comprobar, como sí lo fue el amantazgo de Nicolasa con Santander y los ataques de celos de este con el señor Márquez.

Convertidas en leyenda las dos, sus descendientes, incrustados en el poder presidencial bogotano, lo han sido desde el Partido Conservador, que fundó un hijo de Nicolasa, hasta los bancos del siglo XX que pringó Bernardina con la sapiencia económica de don Florentino.

Últimamente se está enterando el país del poder que han adquirido, alrededor de la Casa de Nariño, las hermanas Juliana y Verónica Guerrero, oriundas de Codazzi, quienes, con su exótica belleza, su habilidad innata y su don de mando, construyeron un poder informal dentro del gobierno Petro y, con acceso directo al presidente y a algunos ministros, han demostrado su capacidad de influir en nombramientos, contratos y decisiones de alto nivel, pese a que solo contaban con título de bachilleres.

Quienes las han visto actuar y quienes dicen haber soportado su veleidoso yugo se han atrevido a compararlas con las hermanas Ibáñez del siglo XIX.

Quizás tengan mucho en común, solo que el par de vallenatas todavía no han procreado la estirpe, valiosa y atrevida en muchos casos, que Nicolasa y Bernardina le donaron, con sus habilidades amatorias, a Colombia.

Comparte este artículo