Por: Aldrin García – Director de Totus Noticias
En política, los números nunca mienten… pero los discursos sí. En estos días hemos escuchado a Abelardo de la Espriella repetir, con tono de mesías recién ungido, que recogió casi cinco millones de firmas y que eso lo convierte en un hombre con “mandato ciudadano”. Que el país lo llamó. Que el pueblo habló. Que el respaldo es incuestionable. Pero si vamos a hablar de mayorías, cifras y legitimidad, entonces hablemos en serio… y con calma, para que entienda todo el mundo.
Mientras él celebra sus 4.800.000 firmas —que aún deben pasar por verificación— La Gran Coalición por Colombia, esa misma que muchos pretenden menospreciar, y llaman los del 1%, suma más que él. Aníbal Gaviria logró recolectar 1.643.327 firmas, Mauricio Cárdenas llegó a 1.200.000, David Luna aportó 1.300.000, Juan Daniel Oviedo reunió 877.777 y Vicky Dávila sumó 1.394.230. En total: 6.415.334 firmas. Sí, leyó bien: la coalición tiene más firmas que Abelardo. Entonces, si las firmas son la “voz del pueblo”, ¿por qué no escuchan la voz del pueblo cuando no les conviene? y no olvidemos que también cuenta con un aval de partido político con estructura como la que tiene el Nuevo Liberalismo en cabeza de su líder Juan Manuel Galán.
A mí me gustan los números… pero los reales. Y por eso conviene recordarle al país algo que a veces se oculta detrás del ruido mediático: las firmas no votan, las firmas no eligen y las firmas no son garantía de nada. Esto no es opinión; es historia electoral. En 2018, Germán Vargas Lleras entregó 5.500.000 firmas, mucho más que Abelardo hoy. ¿Y cuántos votos obtuvo? Apenas 1.400.000. Ni la mitad. Ni cerca de segunda vuelta. ¿Quién terminó siendo presidente? Iván Duque, que no salió por firmas sino por una consulta interna, con una estructura política sólida y un apoyo real. Las firmas emocionan, sí, pero no eligen.
Y si las firmas son el argumento central del “mandato ciudadano”, entonces vale la pregunta incómoda: ¿Qué significa que la Gran Coalición tenga más de 6.400.000 firmas? ¿No sería un mandato aún más grande? ¿O el mandato aplica solo cuando sirve para inflar el relato propio? La diferencia está en que las firmas de la coalición vienen acompañadas de trayectoria, trabajo, liderazgo regional, movimientos ciudadanos y estructuras reales. No de shows, cámaras y discursos hechos para redes sociales.
La política no se gana a punta de espectáculo. Un candidato puede gritar más y representar menos; puede recoger muchas firmas y no recoger votos; puede proclamarse líder y quedar solo en su relato. En cambio, una coalición con múltiples liderazgos, cifras superiores y presencia territorial tiene más posibilidades futuras que cualquier proyecto basado en el ruido más que en la realidad.
Al final, las urnas son las que deciden, y las urnas no entienden de egos inflados ni de discursos grandilocuentes, sino de hechos. Las firmas son un requisito, no un mandato. Una foto, no un resultado. Un trámite, no una victoria. El que crea que cinco millones de firmas lo convierten en presidente debería mirar la historia reciente y entender que mientras él presume de mandato, hay una coalición entera que, en números, lo supera ampliamente. Los números —los reales— siempre terminan poniendo a cada quien en su lugar.
















