Por: William Calderón Zuluaga
Abelardo De La Espriella: la gran sorpresa política del domingo
La nueva centroderecha, de calado popular, la encarna Abelardo De La Espriella.
Los colombianos, movilizados con decisión y entusiasmo, demostraron el domingo 31 de mayo que no son votos cautivos, ni recua de caciques en decadencia, ni mercancía prisionera del uso descarado de los recursos del Estado para conseguir resultados electorales.
Decisión autónoma
Con independencia, alegría y determinación, las grandes mayorías ciudadanas dieron su veredicto en las urnas.
En la historia de Colombia jamás un gobierno de turno había protagonizado, según sus críticos, un campeonato de corrupción tan descarada, desbordada e impune.
La grandeza de la pequeñez
A Petro, con aire de dictadura tropical, le ha quedado grande hasta la pequeñez.
Su enanismo moral y su cinismo político no tienen precedentes. Petro ha sido desleal e ingrato con una sociedad y un Estado que le perdonaron sus crímenes, lo amnistiaron, lo indultaron y le abrieron el camino del perdón político para que lograra ser, por la vía electoral que ahora cuestiona, representante a la Cámara, senador de la República y alcalde de Bogotá.
Lo que le ha faltado a Petro
Exguerrilleros dignos como Alberto «Pepe» Mujica, de Uruguay, honraron su palabra y demostraron la decencia y la dignidad que, según el autor, le han faltado a Petro en la política y ahora en el poder, utilizado como instrumento de coacción y corrupción ilimitadas.
Es evidente el desespero de Petro y de su círculo político ante la derrota contundente que, según esta interpretación, les propinó un hombre independiente, nuevo, sin antecedentes burocráticos, con ideas claras, carácter y elocuencia: Abelardo De La Espriella.
El agónico rufián de la vereda
Dictadura de mantenidos del presupuesto público
La soberbia desafiante
Aliados miserables de la guerrilla
Eso los ha llevado al lenguaje procaz, a la amenaza del atentado personal y a convertir al presidente de Colombia en un agónico rufián de vereda.
Qué espectáculo más deprimente: una soberbia y desafiante utilización del poder y del presupuesto del Estado para montar una oscura dictadura de mantenidos del presupuesto público, de vividores de los recursos estatales, de aliados de la guerrilla narcotraficante, de la minería ilegal y de la criminalidad callejera.
Con ellos marchan también los integrantes de la primera y la última línea de la muerte y el robo, quienes, de manera hipócrita, pregonan la vida y la moral.
El muñeco diabólico de Petro y el Doctor Muerte
El gran debate
El gobierno Petro acabó el sistema de salud y, según el autor, el ministro Guillermo Alfonso Jaramillo, a quien denomina «Doctor Muerte», ha utilizado ese despacho para hacer negocios turbios y politiquería electoral en el sufrido mundo de la salud colombiana.
El desvarío del «muñeco diabólico» de Petro, el señor Cepeda, «la estatua que habla», ha llegado al clímax al desconocer los resultados que lo dejaron derrotado. Ahora, en un lenguaje agresivo e intimidatorio, exige un debate con De La Espriella, pese a que, según esta versión, lo rehuyó cobardemente durante la primera vuelta.
Respuesta inmediata
El gran triunfador, Abelardo De La Espriella, le ha respondido al sinuoso Cepeda que acepta el debate con una condición fundamental: que Cepeda y su amo político, Petro, reconozcan los resultados y respeten la legitimidad de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Además, les exige abandonar la pretensión de sembrar dudas sin pruebas sobre la decisión soberana del pueblo colombiano.
Heraldo de una nueva democracia
Ahora ya no cabe una discusión entre personas, sino una decisión histórica entre dos modelos políticos y económicos.
De un lado, el continuismo de una dictadura estatizadora de corte comunista que, según el autor, representa Cepeda. Del otro, una democracia en libertad, con respeto por la familia, la propiedad privada, los derechos adquiridos y los valores esenciales de la nación colombiana.
Todos los demócratas consolidarán, según esta visión, el triunfo de Abelardo De La Espriella como heraldo de una nueva democracia para todos.
Los bárbaros no pasarán jamás
La avalancha del fervor popular derrotará las pretensiones continuistas, no de un gobierno, sino de una pandilla de asaltantes del tesoro público que pretende desconocer la decisión soberana del pueblo utilizando, con soberbia y desfachatez, todos los mecanismos ilícitos del Estado y del gobierno.
Colombia es, por tradición histórica, una nación democrática, potente y decidida, ajena a las turbias aventuras dictatoriales.
El próximo 21 de junio, así se demostrará.
Los bárbaros no pasarán. Jamás.
Adenda
Todo lo ocurrido el 31 de mayo de 2026 coincidió con un homenaje sin precedentes al jurisconsulto Julio César Ortiz Gutiérrez en el Club El Nogal, por su exaltación por parte del Foro Romano de Jurisprudencia Mundial.
Un selecto grupo de amigos, convocados por William Calderón Zuluaga, quien actuó como oferente, se reunió para acompañar el reconocimiento.
Asistieron expresidentes de cortes, exministros de Estado, periodistas, exconsejeros de Estado, congresistas, el exsuperintendente de Sociedades Óscar González Arana, escritores e intelectuales.
Anécdota
En petit comité
Mientras se degustaba un exquisito plato francés, el exministro, expresidente del Congreso, intelectual y académico Alberto Santofimio Botero anunció, con una precisión que sorprendió a los asistentes y anticipándose a las encuestas, el triunfo rotundo de Abelardo De La Espriella.
Chapeau, presidente De La Espriella.














