Dentro de ocho días la primera vuelta electoral. ¿Qué se juega en ella?

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Por: Juan José Gómez

Nada más ni nada menos que el futuro de de la Patria. Es claro para todos que se enfrentarán dos sistemas de gobierno como son la democracia y la tiranía.

¿La democracia? Claro que sí. Se trata de saber si entre el 2026 y el 2030 Colombia será gobernada por un genuino representante de lo que el gran presidente norteamericano Abraham Lincoln definió como “el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo”, esto es por un gobernante que dirija el estado de acuerdo con los preceptos del Bien Común, o un comunista furibundo que acapare para si todo el poder.

Por un comunista que intente cambiar la fe en Dios Todopoderoso por el sometimiento al Estado todopoderoso y su representante, el gobierno; se adueñe de los bancos y las instituciones financieras y crediticias, acabe con las tres ramas del poder público representadas por el ejecutivo, el legislativo y el judicial y las sustituya por su omnímoda voluntad; le interese sobre todo obtener un enriquecimiento fabuloso para sí y para sus cómplices mientras la mayoría de los los demás colombianos se debaten entre la pobreza y la miseria y tenga como mejores amigos en el mundo a tiranos semejantes a él, tales como Xi Jinping, Vladímir Putin, Mochtabá Jameneí, Kim Il- sung, Miguel Díaz Canel o Daniel Ortega.

Cuando una persona común y corriente se dedica a pensar en la actual situación colombiana, francamente no entiende que es lo que sucede. Es este un país privilegiado, con costas sobre el océano Atlántico y el
Pacífico, con variedades excepcionales de flora y fauna, con recursos minerales que pueden convertirlo en un país del primer mundo; con un potencial hídrico que daría para generar energía utilizable en centenares de años y aún para vender a países extranjeros; con una verdadera posibilidad de disfrutar de un real estado de bienestar y en general, para convertirse en un referente continental mediante la educación continuada, pero que comete errores tan gigantescos como el de elegir a Gustavo Petro para que durante cuatro años mal gobierne el país y como si esto fuera poco, que según encuestas publicadas haya colocado a un candidato decididamente comunista y además hombre de evidente mala entraña en el primer lugar de las preferencias electorales.

Al meditar en esta tremenda contradicción, es inevitable llegar a la conclusión de que algo anda mal en la sociedad colombiana. No es posible que una persona con al menos dos dedos de frente no se haya dado cuenta del retraso sufrido por Colombia en estos casi cuatro años de mentiras, falsas promesas, insultos, pésimas amistades, política revanchista, vida disoluta y malas decisiones.

Y no solo eso. Que ahora, cuando después de grandes padecimientos nacionales y de ver aterradoramente incrementada la inseguridad del país a causa de una fracasada y perjudicial política falsamente denominada “de la paz total”, existan graves y peligrosas posibilidades de que este horrible gobierno se prolongue por cuatro o por ocho o por cuarenta años más, por causa de unos colombianos electores que se dejan engatusar con nuevas mentiras y falsas promesas y por otros compatriotas resentidos que no alcanzan a diferenciar entre un gobierno que trabaje arduamente por el desarrollo nacional, asi tenga humanas equivocaciones, y una satrapía comunista sometida a un destino miserable, que tiene como propósito hacer pobres a los ricos, miserables a los pobres y a todos víctimas de la rapacidad y del odio.

De modo que, por Dios, por Colombia, por la familia, por lo mas noble y sagrado que exista, pido a los electores colombianos que salgan a votar el próximo domingo y lo hagan por Abelardo De la Espriella, un jurista eminente, empresario exitoso, colombiano que ha elegido convertirse en defensor de la Patria, y en su defecto por Paloma Valencia, una dama payanesa nieta de un presidente de la República y de un gran intelectual fundador de una de las mas prestigiosas universidades colombianas, que si bien es cierto no tiene experiencia de gobierno pues su carrera se ha limitado a hablar en el congreso, a pesar del doble error cometido de escoger a un candidato a la vicepresidencia que parece más cercano en sus ideas al candidato comunista que a la misma Paloma y de pactar quien sabe que acuerdos de gobernanza con los políticos tradicionales, por lo menos es o fue de derecha así ahora pretenda presentarse como de centro.

Lo importante es que el candidato comunista no sea elegido presidente de Colombia, asi tanto él como su promotor y cómplice Gustavo Petro, amenacen con una nueva salida de la primera línea, de los afiliados a Fecode y de los indígenas manejados por jefes también izquierdistas para impedir que Abelardo o Paloma puedan gobernar. Cuando eso ocurra, al revés de lo que no hizo Iván Duque, la fuerza pública colombiana y la fuerza cívica nacional saldrán valientes y decididos a defender la legitimidad y la democracia.

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