Contracorriente: Carlos Arturo Piedrahita Cárdenas: magisterio, política y vocación pública

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Por: Ramón Elejalde Arbeláez 

El fallecimiento de Carlos Arturo Piedrahita Cárdenas, ocurrido el pasado 5 de enero, enluta al mundo académico, político y cívico de Antioquia. Se va un educador de vocación, un servidor público íntegro y un ciudadano comprometido con las ideas que defendió a lo largo de su vida con rigor intelectual, coherencia ética y una profunda sensibilidad humana.

Nacido en Anorí el 8 de noviembre de 1956, Carlos Arturo fue heredero de una tradición intelectual y cultural que ha distinguido a ese municipio del nordeste antioqueño. Anorí ha sido cuna de notables figuras del arte, las letras, el pensamiento y la vida pública, entre ellas el maestro Pedro Nel GómezPablo Emilio Restrepo López (León Zafir)Darío Ruiz GómezÓscar Emilio YepesJorge Iván Arias y Darío Restrepo Villa. A ese linaje de hombres dedicados al arte, la cultura y el servicio público pertenece, con pleno derecho, Carlos Arturo Piedrahita Cárdenas.

Abogado de la Universidad de Antioquia, su vida profesional estuvo marcada por una intensa y diversa trayectoria en el ejercicio del derecho, la docencia universitaria y la política. Fue representante a la Cámara por Antioquia durante dos períodos consecutivos (2002–2006 y 2006–2010), cargo desde el cual participó activamente en los debates legislativos, especialmente en aquellos relacionados con asuntos laborales, la reelección presidencial y los de interés social. Antes de su paso por el Congreso, había sido diputado a la Asamblea de Antioquia, experiencia que consolidó su conocimiento del ámbito regional y su cercanía con las problemáticas del departamento.

Su vocación de servicio público se expresó también en distintas responsabilidades administrativas. Se desempeñó, muy joven, como secretario de Gobierno de Medellín durante la administración de Juan Gómez Martínez, fue secretario de Minas del departamento de Antioquia y director jurídico de la Gobernación. En cada uno de estos cargos dejó la impronta de un funcionario estudioso, respetuoso de la institucionalidad y comprometido con el interés general, siempre dispuesto al diálogo y a la argumentación sólida.

Sin embargo, más allá de los cargos y los títulos, quienes lo conocimos, coincidimos que su mayor legado se encuentra en las aulas. Carlos Arturo fue, ante todo, educador. Ejerció la docencia en la Universidad Cooperativa de Colombia y, de manera especial, en la Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA), institución en la que laboraba al momento de su fallecimiento y a la que dedicó buena parte de su energía intelectual y afectiva.

Como catedrático, su ejercicio docente trascendía la clase magistral. Con una convicción pedagógica poco común, organizaba semestralmente visitas académicas con grupos de 25 a 30 estudiantes a las Altas Cortes y al Congreso de la República. En este último escenario, sus alumnos debían realizar debates sobre temas de derecho laboral o de actualidad nacional, nada menos que en las instalaciones de la Comisión Primera, espacio que él conocía profundamente por haber sido allí protagonista durante sus años como legislador. De este modo, acercaba a sus estudiantes a la realidad institucional del país, fomentando el pensamiento crítico, la argumentación jurídica y el compromiso ciudadano.

En el ámbito personal, Carlos Arturo Piedrahita fue un esposo ejemplar y un padre profundamente amoroso. Su única hija, Laura Piedrahita Villegas, era su mayor orgullo, su devoción permanente y su principal desvelo. Compartían una pasión que los unía más allá de la vida cotidiana: el Deportivo Independiente Medellín. Padre e hija eran habituales en las gradas del estadio Atanasio Girardot, alentando al “Poderoso” cada vez que jugaba como local. En esos rituales futboleros se expresaba una faceta entrañable de Carlos Arturo: la del hombre cercano, afectuoso y fiel a sus afectos.

La política fue otra de sus grandes pasiones. Fue, sin ambages, un liberal de principios e ideología, formado en una tradición que entendía la política como un ejercicio ético y doctrinario, no como una simple disputa por cuotas de poder. En los últimos años no dudó en expresar su desacuerdo con su propio partido cuando consideró que este se apartaba de los valores históricos del liberalismo. Esa actitud crítica, incluso rebelde, fue coherente con su carácter: nunca renunció a pensar por sí mismo ni a defender aquello en lo que creía.

Quienes compartimos con él la amistad recordamos con especial cariño sus conversaciones lúcidas y su agudo sentido del humor. Dos o tres veces por semana, religiosamente, nos encontrábamos a almorzar con amigos cercanos, entre ellos el también educador Joaquín Borja. Eran encuentros en los que “pasábamos revista” a los problemas del país, del departamento y de Medellín. Carlos Arturo era un estudioso atento del contexto nacional, un analista perspicaz de la coyuntura y un conversador brillante, capaz de combinar la crítica severa con un humor negro fino y elegante, siempre acompañado de un profundo calor humano.

Con su partida, pierde la Universidad Autónoma Latinoamericana un gran docente, pero también pierde Antioquia a un ciudadano comprometido y el país a un intelectual público que supo unir teoría y práctica, academia y política, razón y sensibilidad. Su legado vive en sus estudiantes, en las aulas, en los debates que promovió y en el ejemplo de coherencia que dejó a quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.

A su esposa, doña Marcela Villegas, a su hija Laura, a sus hermanos y demás familiares, les extiendo un abrazo solidario en este momento de dolor. Carlos Arturo Piedrahita Cárdenas ya descansa, pero su memoria permanece viva en la gratitud de sus alumnos, en el afecto de sus amigos y en el reconocimiento de una vida dedicada al servicio público, la educación y la dignidad humana.

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