Por: Aldrin García – Director de Totus Noticias
Ayer leí un trino o post en X de Argiro Castaño sobre Uribe y, la verdad, me uno a ese sentimiento. Porque más allá del tono, hay una verdad que muchos sienten: no es justo que el doctor Álvaro Uribe Vélez tenga que aguantar no solo a los malparidos de la izquierda que han hecho carrera atacándolo, sino también a esa jauría de oportunistas abelardistas que hoy quieren posar de uribistas mientras muerden el legado que dicen respetar.
Porque sí, hablemos claro: hay gente que descubrió el uribismo como una plataforma electoral, no como una convicción. Hay quienes se montan en el apellido, en la historia, en la bandera y en el discurso… pero cuando llega la hora de defender de verdad el proyecto político, lo que hacen es dividir, sabotear y jugar a favor de sus propios egos.
Uribe no necesita aduladores de micrófono. Uribe necesita leales. Y la lealtad no se mide en discursos encendidos, ni en likes, ni en shows mediáticos. La lealtad se mide cuando toca tomar posición y dejar de jugar al candidato de ocasión.
Por eso hoy hay que decirlo sin miedo: la fiel representante de ese legado tiene nombre propio: Paloma Valencia.
Y no lo digo porque sí. Lo digo porque Paloma no representa un capricho, representa una continuidad con carácter, con preparación, con visión de país y con la capacidad de unir donde otros solo generan ruido.
En medio de una Colombia fracturada entre extremos, entre odios, entre incoherencias y entre políticos que viven del espectáculo, Paloma aparece como una mujer capaz de convocar, de sumar y de construir una ruta para recuperar la democracia sin caer en la histeria política de lado y lado.
Porque eso también lo entendió Uribe. Uribe entendió que Paloma es una mujer que puede unir el país. Que no se trata solo de resistir, sino de reconstruir. Que no se trata de pelear por pelear, sino de volver a darle a Colombia liderazgo, rumbo y firmeza.
Mientras unos viven del escándalo, de la rabia, del insulto fácil y del ego desbordado, Paloma ha demostrado que se puede hacer política con ideas, con firmeza y con visión. Y ahí está la diferencia entre quienes quieren servir a Colombia y quienes simplemente quieren servirse de una coyuntura.
Por eso los uribistas verdaderos no estamos en la mitad. No somos tibios. No somos calculadores. No somos oportunistas. No somos abelardistas disfrazados de salvadores. No somos aplausos de tarima y puñales de pasillo.
Somos gente que entiende que el legado no se traiciona, se defiende.
Y hoy defender ese legado también significa entender que el país necesita una mujer que convoque a todos los sectores que creen en la democracia, que entienden que Colombia no aguanta más división, y que saben que aquí nadie sobra cuando se trata de recuperar el rumbo.
Con Uribe y con Paloma hasta el final.
Porque esto no es una pelea de egos, ni de likes, ni de candidaturas infladas por redes. Esto es una pelea de convicciones.
Que griten en X, que insulten en comentarios, que hagan show, que pataleen los oportunistas abelardistas… pero en las urnas nos mediremos realmente.
Y cuando llegue ese día, que quede claro: nosotros no somos tibios, no somos oportunistas… somos leales.













