HACEN TORTILLA CON CEPEDA – Crónicas de Gardeazábal

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Los zurdos creen que es un pecado burgués aprender de la forma de construir candidaturas y, en su desespero, en vez de digerir la derrota del 31 de mayo, siguen cayendo en la trampa que Petro le montó a Cepeda.

Como dejaron que la campaña la hiciera Petro y no el candidato; como lo que se mostró en cuñas publicitarias fueron los efectos del gobierno de Petro y no la actitud ni el pensamiento de Cepeda, terminaron deshumanizándolo.

Hoy por hoy, el atinado defensor de los derechos humanos y de cuanto guerrillero pudiera convencerse de ingresarlo al sistema ha sido más un muñeco al que le dan cuerda para que salga a leer un papel, no a expresar una idea y mucho menos a mirar a la cámara para que sus votantes se convenzan de sus capacidades.

Peor aún, no han pretendido en ningún momento hacer conocer la razón o el capricho de usar siempre el mismo modelo de ropa, ni por qué pretende simular con sus actitudes al pensador italiano antifascista Antonio Gramsci.

Solo en The Economist leí un resumen de la entrevista que le hicieron, donde resaltan los valores humanos de Cepeda: la austeridad de su apartamento, la soledad de un hogar sin hijos y la presencia invaluable de un perrito con la cadera dislocada, al que le han fabricado un caminador y que enternece al candidato.

Ningún zurdo, ni el mismo Cepeda y mucho menos Petro, ha resaltado las calidades y sapiencias del candidato de la izquierda. Petro lo castró intelectual y publicitariamente, abrumándolo con su egolatría.

Ahora lo está volviendo tortilla, forzándolo a perder la primera de las tres semanas de campaña por cacarear su delirio de un fraude. Y, como es muy poco lo que Cepeda puede movilizarse físicamente por sitios distintos a la biblioteca de su casa, lo sigue aniquilando tercamente, asumiendo por completo su candidatura e impidiendo que el país conozca su verdadero temple, sus valores humanos y su estilo de conducción de los votantes.

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