Pentecostés: recibir el Espíritu Santo para vivir, amar y evangelizar – Mensaje Misionero Dominical

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Por: P. Omer Giraldo R. MXY

Cincuenta días después de la Resurrección del Señor, celebramos la SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÈS. Pentecostés viene del griego: PENTICONTA, que es el quincuagésimo día después de la Resurrección. En el Antiguo Testamento los judíos celebraban la FIESTA DE LAS SEMANAS, 7 semanas que son 49 días, después de la Pascua, recordando la liberación de la esclavitud de Egipto, y al día siguiente, el día cincuenta, presentaban a Dios las primicias de las cosechas, las espigas ya maduras, que para nosotros los cristianos son símbolos del Espíritu Santo que repuebla la faz de la tierra. 

Te invito para que iniciemos esta reflexión invocando al ESPÌRITU SANTO con la respuesta del salmo 103 de la liturgia de esta domínica: ENVIA TU ESPÌRITU, SEÑOR, Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA… Ven Espíritu Santo, ven, asístenos, ilumínanos y guíanos. Oramos con la SECUENCIA antes de escuchar el Evangelio así:

Ven espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo
Padre amoroso del pobre;
luz que penetra las almas
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
y reconforta en los duelos…

y le pedimos también:
reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.

Si, le pedimos que nos invada con sus siete dones según el carisma, el don de su Espìritu para cada uno.

Escuchemos el Evangelio de este domingo de Pentecostés, del ciclo A, tomado de San Juan en el capítulo 20: ——-

Nos narra hoy la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles que el Gran día de Pentecostés “se llenaron todos de ESPÌRITU SANTO”, es decir, su ser entero quedó invadido de Espíritu Santo. Esta es la oración que imploramos hoy al Padre de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, que nos envíe el Espíritu de su hijo para que nos acompañe en nuestra vida ordinaria de cada día en nuestro trabajo, estudio, vida familiar, en nuestras relaciones sociales y trabajos comunitarios. El acontecimiento de Pentecostés está simbolizado por el viento y por el fuego. Las llamaradas de fuego que se posaron sobre los Apóstoles y los discípulos de Jesús, que oran con María, la madre de Jesús en el cenáculo, es el mismo fuego del Espíritu que ha acompañado a la Iglesia a lo largo de los siglos.

Nos dice el evangelista San Juan que Jesús exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo y Lucas en los Hechos de los Apóstoles nos explica que “de repente un ruido del cielo, como un viento recio, resonó en toda la casa. aparecieron unas lenguas como llamaradas y se llenaron todos de Espíritu Santo… Al oír el ruido, todos lo que estaban alrededor de la casa acudieron en masa y quedaron desconcertados porque cada uno oía a los apóstoles hablar en su propio idioma. Este es el primer fruto del Espíritu que debemos pedir hoy a Dios, que aún en las diferencias que tenemos unos con nosotros, nos de la gracia de escuchar y hablar una misma lengua: el lenguaje del AMOR que nos concede su santo Espíritu. El Espíritu del Señor crea la comunidad. Es por esto que, con la llegada del Espíritu Santo sobre los apóstoles y los primeros discípulos, con la compañía de la Santísima Virgen María, nace la Iglesia y lo más increíble y precioso de este acontecimiento es que nace para todos los pueblos y culturas de la tierra, sin exclusión alguna.

Es muy importante resaltar hoy que al entrar Jesús Resucitado a la casa donde ellos se encontraban lo primero fue llenarlos de su PAZ y luego les enseño sus manos y el costado. Es decir, el Resucitado es el mismo crucificado. Esto nos lleva a no olvidar a todos los crucificados a lo largo de nuestra historia humana. Jesús nos envía su Espíritu para el perdón de los pecados y la redención de toda la humanidad. Y nos dice el texto de hoy que “Ellos se llenaron de ALEGRIA al ver al Señor”. Luego viene EL ENVÌO MISIONERO: Como mi Padre me ha enviado, así también los envío yo. Desde entonces, quienes asumimos la fe en Jesucristo Resucitado, desde el inicio del cristianismo, caminando ya en el siglo 21, nos constituimos en sus DISCÍPULOS MISIONEROS. Tú y yo también somos discípulos del Señor Resucitado y es su Espíritu Santo, siempre presente, quien nos lleva a ser sus testigos “hasta los confines de la tierra”. 

Durante esta última semana del mes de mayo los colombianos nos preparamos para la jornada de votación por la presidencia y vicepresidencia de nuestra república. Debemos estar especialmente unidos en oración para que como cristianos ayudemos a salvar a nuestro país de caer en el abismo, como nos recordaba en la primera mitad del siglo 20 el Venerable Mons. Miguel Ángel Builes, fundador de los Misioneros Javerianos de Yarumal y de varias congregaciones misioneras. Con tu voto responsable ayudas a salvar a Colombia. Feliz semana con la alegría que infunde en nosotros el Espíritu del Señor Jesús.

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