SOBRE LA EXTREMA COHERENCIA Y LA GUERRA SUCIA

TotusNoticias

Por: Rafael Nieto Loaiza

Escribía yo después del triunfo de Paloma Valencia en la Gran Consulta que «a partir de ahora, es la candidata a vencer. Por eso es ya el objeto de la guerra sucia tanto de Cepeda y la izquierda como los de los fanáticos de Abelardo. Los dos saben que si Valencia pasa a segunda los derrota con amplitud. Prefieren enfrentarse entre ellos”.

Algunos abelardistas se molestaron con que hubiera usado el término de fanáticos. Curioso. Yo no dije entonces que todos lo fueran sino que los que lo eran habían decidido hacerle la guerra sucia a Paloma. Pues bien, desde entonces la cosa ha ido a peor. Ahora los ataques, las infamias, las calumnias, se han sucedido sin pausa ni respiro ya no solo contra Paloma y Oviedo sino contra todos los que hacemos parte de esa campaña y contra el mismo expresidente Uribe.

Aclaremos: defensores de la Patria somos todos los que creemos en la democracia y las libertades, no solo los abelardistas. Agreguemos que, además, algunos hemos estado en esa tarea desde siempre y sufriendo los riesgos acá, mientras que otros nunca los tuvieron, callaban y se asoleaban en Miami y la Toscana. Si de arriesgar el pellejo se trata, siempre hemos sido nosotros los que hemos estado en el alambre, y no solo de manera metafórica. ¿O hay que recordar el asesinato de Miguel Uribe, las amenazas a nuestros candidatos y los ataques a nuestras sedes de campaña?

De manera que aquí los siempre valientes, los firmes en el Congreso, en los medios y en las redes, hemos sido nosotros. Si de valor y de compromiso en la defensa de la Patria se trata, las pruebas han venido del expresidente Uribe, de Paloma Valencia y del Centro Democrático. Lo mismo puede decirse de la lucha contra los violentos y los delincuentes.

Es verdad que los abogados pueden escoger sus clientes, y muchos de los de De la Espriella han sido narcos, paramilitares, chavistas, criminales de los más espantosos pelambres. Y concedamos que está en su derecho de  defender los que se le antojen. Pero ocurre que no se ha limitado a hacer su tarea de penalista sino ha sido también su lobista, cabildero de sus intereses estratégicos y, en algunos casos, verbigracia Alex Saab, su amigo, según confesara él mismo, asuntos que trascienden el ejercicio de la profesión para adentrarse en esferas con mucho más complicadas y censurables. De la Espriella sostuvo que las pirámides estafadoras de David Murcia eran una forma de democratización del crédito, ha atacado el tratado de extradición y ha pedido que a los narcos se les devolviera una parte de su sangrienta fortuna. ¿Son antecedentes deseables para un Presidente de la República?

Abelardo y sus fanáticos nos califican como «los de siempre”. ¿De siempre no es también Enrique Gómez, su jefe de debate, sobrino de Álvaro y nieto de Laureano? ¿O los Char, Fico y Gómez Amín? ¿O algunos impresentables como Ape y los compadres de Abelardo en Sahagún? ¿O los de siempre solo busca descalificar la campaña de Paloma? 

También nos acusan de santistas. Es contraevidente. Pero es, además, contradictorio. Por un lado, porque si lo que de verdad les preocupa, como a nosotros, son los peligros y daños irreparables que al país le traería que el heredero de Petro y de las Farc fuera elegido, ¿no tiene sentido superar las diferencias con los santistas en el propósito común y más importante de rescatar la democracia y las libertades? ¿O para los abelardistas la petición ciudadana de unidad contra la izquierda extrema y los violentos queda subordinada a marginar a los santistas? ¿Entienden los abelardistas que para ganarle al neocomunismo son indispensables los votos del centro y de los independientes? ¿O lo único que les importa es derrotar a Paloma en primera, al costo que sea y acudiendo a las peores prácticas, las mismas que criticáramos a Guanumen y su “correr la línea ética”?

Para rematar las contradicciones, De la Espriella es santista: defendió el pacto con las Farc, voto sí en el plebiscito y no solo aplaudió que les regalaran curules a los criminales farianos sino que dijo que era deseable tenerlos a ellos en el Congreso, que eran mucho mejores que los que entonces eran congresistas, y que él jamás extraditaría a Timochenko.

¿Me acusarán de mentir? Hay videos y pruebas sobre todo lo que acá he dicho. La verdad es que De la Espriella nunca fue un tigre y menos en la lucha contra el delito. En realidad fue vocero y cabildero de los peores intereses de los más espantosos criminales. En cambio, los que siempre nos hemos jugado contra los delincuentes y los violentos somos nosotros. Y somos nosotros los de la extrema coherencia en la defensa de la democracia y las libertades, en la defensa de la Patria. Aplaudo, por supuesto, que De la Espriella haya corregido y ahora quiera serlo.

Comparte este artículo