Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Al presidente Petro no le gusta que le hagan ver públicamente los daños económicos que causan sus perversas actuaciones. Esta semana le tocó enfrentarse a la protesta de los dueños de predios rurales por el catastro abusivo que decretó, y al mismo tiempo con las cifras apabullantes del daño en la economía del Valle por la batalla con aranceles en que se han trenzado Noboa y él.
Para enfrentar la situación y, al mismo tiempo, darle la cara a Noboa y sus aranceles, hizo consejo de ministros en Ipiales. Desde allá amenazó a alcaldes y gobernadores con destituirlos por defender a los dueños de los predios rurales, y se quedó a dormir en esa fría ciudad.
En la madrugada, hora en que conocemos cómo lo asustan los fantasmas y le surgen las ideas para documentos catastróficos, juntó los cables sueltos de su ideología económica con la furia que le causó que la gobernadora del Valle, un departamento azucarero, le hubiese hecho público su malestar por el catastro que afecta los predios en un territorio agrícola y por el daño total que le causan los aranceles a la exportación de azúcar.
A las dos de la madrugada, Petro se metió a su cuenta de X y le pegó tamaña vaciada a doña Dilian por defender a sus gobernados, pobres y ricos, pero aprovechó, vergajamente, para declarar como mafiosos a los azucareros y elevar groseramente a la gobernadora como defensora de mafiosos.
Aunque ya son bastantes las equivocaciones vomitadas en redes por el presidente Petro a esas horas de la madrugada y el país se ha ido acostumbrando, creo que en esta oportunidad se exageró dañinamente. Doña Dilian, así la cubran los medios bogotanos con un reputacional negativo muy alto, es una mujer; y Asocaña y Procaña, que agrupan a agricultores del Valle y fueron elevadas ante los ojos del país a caverna de mafiosos, también las presiden un par de mujeres.
Se le olvida a Petro que las diferencias ideológicas son tan respetables como las mujeres vallecaucanas.














