Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
No nos digamos mentiras ni hagamos coro a la ineficacia. La Paz Total mató a los soldados del Hércules que se cayó a tierra en Puerto Leguízamo.
Todos sabemos que, desde cuando este gobierno pretendió imponer lo que olímpica y esperanzadoramente llamó “paz total”, se presentaron dos fenómenos novedosos en la historia de las Fuerzas Armadas colombianas:
- Se destituyeron generales con la misma facilidad con que se despalilla un racimo de uvas.
- Se perdió el interés por invertir en la modernización de los armamentos y equipos de las fuerzas constitucionales.
Como consecuencia, vino una improvisación casi permanente en los planes de batalla contra el crimen organizado y cesaron la persecución y los combates contra los ejércitos de los traquetos que aceptaron conversar con el Comisionado de Paz, menos con los que comanda Mordisco.
La sensación general en el país fue, entonces, que a las fuerzas del orden les amarraron las manos y que los planes policiales y la estrategia acumulada con el paso de los años prácticamente se feriaron.
El ejemplo es contundente: en Cali, la ciudad capital con el mayor índice de homicidios, le han cambiado en dos años tres veces el comandante de la Policía, dejando al alcalde colgado de la brocha y a la ciudadanía convencida de que el control de la capital del Valle lo ejercen las bandas que se pavonean por todas sus comunas.
Pero, como se perdió el interés por renovar el parque y los armamentos, y aunque la modernidad de los drones y del transporte de tropas cambió el ímpetu de la guerra, se quedaron combatiendo a balas de fusil y cargando soldados en camiones de carretera o en aviones prehistóricos, adquiridos por desuso de las tropas gringas, que más parecen latas de sardinas.
Allí han muerto el mayor número de los soldados, mientras le simulan a los gringos que todavía en Colombia se libra la guerra contra los traquetos.














