Por: Juan José Gómez
Lo sucedido con el dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa, sumado a lo que ha dicho y repetido el presidente norteamericano Trump, convendría que sirviera de seria advertencia para su vecino colombiano don Gustavo Petro, pues si bien es cierto que el gobierno de este no ha llegado a los insoportables límites dictatoriales del venezolano, lamentablemente si ha evidenciado muchas deplorables similitudes con el de Maduro y antes con el de Chávez. Y el hecho de que el mandatario norteamericano afirme que Petro es un enfermo, no creo que vaya a ser óbice para impedir que, si nuestro cuestionado presidente persiste en su arbitraria conducta, especialmente en sus desafíos y provocaciones a Trump, lo salve de una intervención de los cuerpos especiales armados de las fuerzas armadas norteamericanas.
Y si tal ocurriera, ¿quién defendería al infortunado Petro? No sería, imagino, la fuerza pública de nuestro país pues por culpa del mismo Petro está mal armada ya que el gobierno nacional durante tres años y medio se ha ocupado de colocarla en las peores condiciones de combate, limitando sus presupuestos, cortando relaciones con Israel, el país que posee las herramientas para su adecuado mantenimiento; rebajando continuamente su moral y despidiendo a la oficialidad mas calificada por considerarla antipetrista, nombrando en su reemplazo a unos altos oficiales muy fotogénicos y talvez muy leales al mandatario pero cuyo arraigo en la institución castrense no creo que sea muy firme.
Tampoco sería la mayoría de los senadores y un apreciable número de representantes a la Cámara, ya que el señor presidente y sus ilustres ministros del interior y de salud, entre otros, ha rajado de tal modo de ellos y tanto se han esforzado en convertirlos, no digamos en enemigos, pero si en malquerientes, que todo parece indicar que de ellos puede decirse muchas cosas, menos que son amigos de Petro o del señor Cepeda. Para quienes abriguen dudas sobre este desencuentro, basta que recuerden la suerte de varias de las famosas reformas del ya casi terminado gobierno del cambio.
¿Serán, entonces, los magistrados a de las altas cortes? Dudoso. Y es que el señor presidente y su inefable ministro del interior, se ha preocupado tanto y de manera tan intensa de cortar lazos de amistad y de respeto institucional con ellos, que resulta mas que arriesgado decir que son partidarios del gobierno. Es cierto que el ejecutivo ha logrado introducir a algunos de los suyos en esas respetables corporaciones, pero a la hora de las cuentas, los eminentes jurisconsultos con los que Petro puede contar, parece que son menos de aquellos con los que sí podría.
Pues entonces queda la Comisión de Investigación y Acusaciones de la Honorable Cámara de Representantes. ¡Caramba! ¡Es cierto! Pero y aparte de desviar, enredar, recortar, retrasar y archivar todo aquello que se le remita para que cumpla con su función legal en relación con el señor presidente actual de Colombia…. ¿Qué más puede hacer esa justiciera institución en provecho del jefe de estado y de gobierno? ¡Pues absolverlo, como de costumbre! Si. ¿Pero y esa absolución le servirá al señor Trump?
¡Caramba! Cuantos problemas nos causa ese señor Trump tratando de restaurar la democracia en el patio trasero de Estados Unidos. Como vivíamos de contentos con Maduro, Petro, Diaz Canel Ortega y Rosario y demás estadistas latinoamericanos, modelos de democracia, honestidad y patriotismo. No hay derecho.















