La confirmación de la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, tras una operación militar estadounidense denominada «Causa Justa», ha desatado un terremoto diplomático que polariza a la comunidad internacional. Mientras Washington y sus aliados celebran el «fin de la tiranía», líderes de América Latina y potencias globales han expresado desde una cautelosa preocupación hasta una enérgica condena por la violación a la soberanía territorial de la nación caribeña.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro fue uno de los primeros en reaccionar, rechazando vehementemente la intervención extranjera. A través de su cuenta en X, el mandatario calificó la operación como una «agresión a la soberanía de Venezuela y de América Latina», enfatizando que los conflictos internos deben ser resueltos por los propios pueblos. Ante el riesgo de una crisis humanitaria, Petro ordenó el despliegue inmediato de la fuerza pública y equipos de asistencia a la frontera, preparándose para un eventual flujo masivo de refugiados.
En el cono sur, las posturas fueron diametralmente opuestas. El presidente de Chile, Gabriel Boric, condenó el uso de la fuerza unilateral por parte de Estados Unidos, haciendo un llamado urgente a respetar el Derecho Internacional y buscar salidas pacíficas. En contraste, el mandatario argentino Javier Milei celebró la noticia con euforia, publicando «La libertad avanza» y alineándose con la narrativa de la Casa Blanca sobre la necesaria «liberación» de Venezuela de las garras del socialismo.
Desde Europa y otras latitudes, la respuesta ha sido de prudencia y tensión. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, instó a una «desescalada» inmediata y al respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, confirmando que su embajada en Caracas monitorea la situación. Por otro lado, Rusia y Cuba emitieron comunicados contundentes calificando el operativo como un acto de «terrorismo de Estado» y una «agresión armada ilegal», advirtiendo sobre las peligrosas consecuencias para la estabilidad global.
Mientras el mundo fija sus ojos en Caracas, el vacío de poder y la incertidumbre reinan. La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, ha exigido «pruebas de vida» de Maduro, mientras la oposición venezolana en el exilio celebra lo que consideran el inicio de una nueva era democrática.


















