Recordando a doña Helena Baraya de Ospina, cofundadora de La Linterna Azul

TotusNoticias

Por: Juan José Gómez

¡Qué extraordinaria mujer y qué gran dama fue doña Helena! Hoy se cumplen cuatro años de su partida a la eternidad y todavía tengo muy presente la opinión y las sugerencias que de ella recibía durante los seis años en que fui su codirector de La Linterna Azul, cuando me siento ante la computadora para escribir mi columna dominical. Que verdad tan grande es aquella que afirma que el espíritu de una persona fallecida con la cual se tuvo cercanía, si tuvo una considerable influencia sobre un sobreviviente, siempre continuará inspirando de alguna manera sus pensamientos y sus acciones.

Una de las etapas de su vida que me gusta recordar es la que corresponde a su vida en Antioquia, cuando después de vivir en la ciudad Norteamérica de Boston, donde acompañó a su esposo, el ingeniero Mariano Ospina Hernández mientras éste adelantaba sus estudios de especialización en la Universidad de Harvard y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

El matrimonio Ospina-Baraya con sus hijos se radicó en el municipio de Itagüi, donde residieron por muchos años en la casa campestre “El Ranchito” de propiedad del doctor Mariano Ospina Pérez, expresidente de la República que para esa época era un lugar bastante famoso a causa del jardín de orquídeas que cultivaba allí doña Bertha Hernández de Ospina cuando con su esposo, el expresidente, residían o pasaban temporadas en Antioquia.

Doña Helena solía contar que ella no era una aficionada especial a las orquídeas, pero al contraer matrimonio con el doctor Ospina Hernández que había heredado de doña Bertha, su madre, el gusto por la orquideología, empezó a interesarse por la que era y es la flor emblemática de Colombia, de manera que mientras vivió en la hermosa finca “El Ranchito” al lado de su esposo que actuó como su mentor, se convirtió en una aficionada a la orquideología, lo cual fue muy importante para Medellín y Antioquia, porque gracias a ella realizó verdaderas hazañas por esta tierra que ella consideraba como propia, aunque nació en Bogotá y allí vivió su juventud en el aristocrático barrio de La Candelaria, como miembro que siempre fue de una familia ilustre como que era descendiente del héroe de la Independencia coronel Antonio Baraya Ricaurte.

Como quiera que doña Helena fue siempre una persona con una energía desbordante, que unida a su gran talento y a su capacidad ejecutiva la distinguieron como una infatigable luchadora por las buenas causas, es apenas natural que necesitara de la acción para sentirse realizada y a la acción se dedicó en beneficio de Medellín y de Antioquia en los campos del turismo y la organización de grandes eventos, que, por cierto, en la década del 70 pusieron a Medellín en el mapa del mundo.

-Fundó la Sociedad Colombiana de Orquideología de la cual fue presidenta, a la que se vincularon las más prestantes personas de la sociedad de Medellín, que compartían con el matrimonio Ospina-Baraya la afición por las orquídeas. Esa institución ha tenido una gran influencia científica y cultural, a nivel nacional e internacional, en el tema de la orquideología.

-Dirigió con un éxito sorprendente la 7ª Conferencia y Exposición Mundial de Orquideología realizada en Medellín, a la que asistieron más dos mil cultivadores y expositores de los cinco continentes. Este acontecimiento, no solo proyectó a Medellín como destino turístico de clase internacional, sino que dejó como valioso instrumento ecológico y botánico el Jardín Botánico “Joaquín Antonio Uribe” actualmente un valioso recurso y atractivo científico y turístico de la capital antioqueña.

-Como miembro de la Junta Directiva del Palacio de Exposiciones de Medellín, que era considerado un “elefante blanco” pues tenía mucho tiempo de tener paralizada su construcción, doña Helena logró conseguir con el gobierno nacional los recursos necesarios para poner en operación este gran centro de ferias y exposiciones, que actualmente funciona muy bien con el nombre de Plaza Mayor.

-Promovió y ejecutó la primera etapa de la construcción del Pueblito Paisa” en compañía de otras personas que colaboramos con ella en el desarrollo de este importante proyecto. No lo concluyó porque debió viajar a Alemania como esposa del doctor Ospina Hernández, quien fue nombrado embajador de Colombia en ese país. Correspondió a Marilú Nicholls, discípula de doña Helena, la labor de terminarlo cuando desempeñó la Dirección de Turismo y Fomento de Medellín.

-Creó y puso en marcha el Comité Antioqueño de Promoción del Folclor, que estrenó su labor cona gran revista musical en el teatro Pablo Tobón Uribe. El nombre fue Panorama Folclórico de Colombia. Lástima que después de que ella se marchó a Alemania, el comité se marchitó.

-Fundó y dirigió ad-honorem la Oficina de Convenciones y Visitantes de Medellín, la vinculó a una organización internacional y logró un señalado éxito en el desarrollo del objetivo trazado. A partir de la labor de esa oficina comenzó un impresionante flujo de turismo receptivo a Medellín, que actualmente no solo se mantiene, sino que ha logrado crecer a cifras verdaderamente importantes.

-Dirigió el Departamento de Turismo y Fomento de Medellín, el Jardín Botánico, la Oficina de Convenciones, la Corporación de Turismo de Antioquia “Turantioquia”. También fue miembro de la Junta Directiva del Palacio de Exposiciones y de la Corporación Nacional de Turismo de Colombia. Fue galardonada con el Premio Nacional de Turismo, la Orden de San Carlos y la Orden del Zurriago Antioqueño, lo que la llevó a seguir usando como bolso un carriel antioqueño que lucía con orgullo y distinción.

-Cuando regresó al país, al terminar la embajada en Alemania, se radicó definitivamente en Bogotá. Viajaba mucho a Estados Unidos y Europa a visitar a sus hijos y nietos. En compañía de su esposo y de este columnista, fundó el periódico La Linterna Azul, justamente en este mes hace diez años, y después de la muerte de su esposo, presidió la Fundación Ospina.

Doña Helena, en casi todos los aspectos era una mujer superior. Era amable y gentil con los demás y cuando comprobaba la lealtad y sinceridad de una amistad, correspondía de igual manera. Como madre y como abuela fue tan exitosa como lo había sido en sus labores turísticas y culturales y como dirigente social y política (que también lo fue, especialmente después del fallecimiento de su esposo) se distinguía por su patriotismo y responsabilidad. Por todo eso y por mucho más la recordamos con afecto y gratitud y procuramos honrar su legado de honor y rectitud.

Comparte este artículo