Las tres canciones de Yeison Jiménez que más me gustan, más escucho y seguiré escuchando

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Por: Aldrin García – Director Totus Noticias

No sé si esta columna les vaya a gustar o si muchos la vayan a leer hasta el final, pero hoy necesito escribirla. Hoy quiero elevar una oración hacia el cielo por la muerte de Yeison Jiménez, no desde el titular frío ni desde la cifra de reproducciones, sino desde la experiencia íntima de quien lo escuchó muchas veces en silencio. No hablo por todos; hablo desde mí, desde tres canciones que me gustan, que más escucho y que sé que seguiré escuchando.

La primera de ellas es “El Mejor”, una canción que siempre sentí como un relato honesto de su propia vida. Allí Yeison no presume, se explica. Cuando canta “yo no compito con nadie, corro mi propia carrera”, deja claro que entendió algo esencial: la vida no es una competencia permanente. Y cuando remata con “las envidias no me hacen”, no es arrogancia, es convicción. Es la voz de alguien que decidió avanzar sin desgastarse mirando a los lados.

Esa misma canción conecta con algo todavía más profundo: el sueño trabajado. “Mi sueño desde chico los estoy viviendo, todo lo que deseaba se me está cumpliendo” no suena a suerte, suena a proceso. A constancia. A terquedad. Siempre entendí esa frase como un mensaje claro: los sueños no llegan de golpe, llegan después de muchos intentos fallidos, después de caer y levantarse.

La segunda canción que más escucho es “Porque la envidia”, una de las más crudas y sinceras de su repertorio. Allí Yeison se para de frente ante la crítica y dice sin rodeos: “Nadie me vino a regalar, yo nací de la nada, y mucho tuve que luchar”. Esa frase siempre me pareció necesaria, porque desmonta esa idea tan cómoda de que al que progresa “algo raro habrá hecho”. No: hubo lucha, hubo desgaste, hubo noches largas.

Y es precisamente en esas noches donde la canción se vuelve oración. “Cuántas noches de rodillas que frente a mi cama Dios rogué y le supliqué para que me ayudara” no es un verso cualquiera. Ahí habla el hombre, no el artista. Ahí se revela el creyente, el que dudó, el que pidió fuerzas cuando ya no las tenía. Esa línea siempre me recordó que la fe también se canta cuando duele.

La tercera canción es “MLP”, una de esas que no se esconden detrás de metáforas. Cuando Yeison canta “dicen que es suerte, pero no saben toda la que me he comido”, pone sobre la mesa una verdad incómoda: nadie ve los golpes que anteceden al éxito. Nadie aplaude los fracasos previos, pero todos opinan cuando llegan los resultados.

Y por último, en “MLP”, Yeison nos dejaba claro algo más: “que sigan hablando, yo aquí facturando”. Esta frase siempre me hacía sonreír porque no nace del desprecio, sino de la determinación. Es la decisión de seguir adelante sin pedir permiso, de mantenerse fiel a lo propio sin vivir para convencer a nadie. Es, en el fondo, un mensaje de autenticidad.

Como seguidor, estas tres canciones no solo me gustan: me acompañan. Son de esas que uno vuelve a poner porque dicen verdades, porque ayudan a entender la vida sin adornos. Yeison cantó lo que muchos vivimos: la lucha diaria, la envidia ajena, la fe puesta a prueba y la esperanza terca. Hoy su voz se apaga en este mundo, pero sus letras siguen caminando con nosotros. Y por eso, estas tres canciones seguirán sonando.

Acá se las dejo por si las quieren escuchar.

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