LA ESPERANZA DE UN NUEVO AÑO PASTORAL

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Por: Mons. Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín

Estamos dando comienzo en nuestra Arquidiócesis a los programas de un nuevo año pastoral. Ayer, dentro de la solemnidad de Nuestra Señora de la Candelaria, le hemos pedido a nuestra madre y patrona que intervenga para que podamos realizar con fe, comunión y frutos apostólicos el Plan de Pastoral que juntos hemos construido.

Para asumir y vivir este momento, nos anima mucho tener presentes las reflexiones y recomendaciones que el papa León XIV ha hecho, el 19 de septiembre de 2025, en un discurso dirigido a la Diócesis de Roma, precisamente al comentar allí el año pastoral. Admira ver cómo el análisis y las propuestas llegan oportunas a nuestra realidad y propósitos.

El Papa comienza pidiéndole a su diócesis que se abra al Espíritu que suscita la esperanza de una renovación eclesial capaz de revitalizar las comunidades para que crezcan en el camino evangelizador, en la cercanía a Dios y en la presencia de servicio y testimonio. Luego añade:
“El fruto del proceso sinodal ha sido ante todo el impulso a valorar los ministerios y carismas, apoyándose en la vocación bautismal, priorizando la relación con Cristo y la acogida de los hermanos, empezando por los más pobres, compartiendo sus anhelos y tristezas, esperanzas y luchas. De esta manera se destaca el carácter sacramental de la Iglesia”.

Después, para indicar la forma de proceder, hace un análisis de la realidad de la Diócesis de Roma que vale también para nosotros, indicando que debemos ser capaces, “con la ayuda de Dios, de realizar obras evangélicas en un contexto eclesial marcado por numerosos desafíos, especialmente en la transmisión de la fe, y en una sociedad necesitada de misericordia, con numerosos y crecientes casos de pobreza económica y existencial, con jóvenes a menudo desorientados y familias con frecuencia agobiadas”. Esto implica desarrollar un estilo que valore los dones de cada persona y entienda el rol del liderazgo para que, en la comunión, se superen las oposiciones y los estancamientos.

A continuación, indica que esto en términos concretos significa trabajar por la participación activa de todos en la vida de la Iglesia, señalando en este sentido la importancia de los órganos de comunión, que deben ser fortalecidos o creados si no existen. En este sentido, debemos pensar nosotros concretamente en los consejos pastorales parroquiales. Pues, como enseña el Papa, estos ayudan al Pueblo de Dios a ejercer plenamente su identidad bautismal, a fortalecer el vínculo entre los ministros ordenados y la comunidad, y a guiar el proceso desde el discernimiento comunitario hasta las decisiones pastorales.

Habla también el Papa de las agrupaciones y organismos que conectan diferentes dimensiones de la vida pastoral y de los sectores pastorales como los que se dan entre parroquias vecinas. Advierte que existe el riesgo de que estas entidades pierdan su función como instrumentos de comunión y se reduzcan a tener algunas reuniones, para luego volver a la práctica de una pastoral de forma aislada según los límites parroquiales o los propios planes. Esto, evidentemente, tiene aplicación en nuestras arciprestazgos y en nuestras áreas de pastoral, donde necesitamos hacer un discernimiento comunitario, vivir la corresponsabilidad bautismal, planificar juntos y promover iniciativas pastorales compartidas.

Además, el Papa propone tener tres objetivos concretos. El primero, fortalecer la relación entre iniciación cristiana y evangelización, yendo más allá de un enfoque escolarista de la catequesis, acogiendo bien a los adultos que buscan los sacramentos y formando bien a los catequistas. El segundo objetivo es dar participación a los jóvenes y a las familias; esto conlleva una acogida empática, caminos personalizados según las situaciones vitales y estar atentos a nuevos aprendizajes. El tercer objetivo que recomienda es la formación a todos los niveles: no podemos engañarnos, pensando que en la situación que vivimos el simple continuar con algunas actividades tradicionales mantendrá vivas nuestras comunidades cristianas.

Qué bueno poder motivarnos para dar el mejor impulso a este nuevo año pastoral con las orientaciones del Sucesor de Pedro, que nos garantizan la unidad dentro del proyecto de Dios. Como también lo pide él, incrementaremos la formación en el conocimiento bíblico, la práctica litúrgica, el ejercicio de la ciudadanía, el acompañamiento del sufrimiento mental y la promoción de la justicia social. Así, nuestra Iglesia particular se convertirá en un seno que integra a las personas en la fe y en un corazón que busca a quienes la han abandonado.

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