El Embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García-Peña, protagonizó un episodio diplomático inesperado luego de que el envío masivo de flores colombianas a las 535 oficinas del Congreso estadounidense activara los protocolos de seguridad y ética del Capitolio. La iniciativa, concebida como un gesto simbólico en vísperas de San Valentín, terminó siendo rechazada por las estrictas normas internas que regulan los obsequios a legisladores.
La Embajada de Colombia, en articulación con el gremio Asocolflores, promovió la entrega de arreglos florales como parte de una estrategia de diplomacia económica para resaltar la importancia del sector floricultor colombiano en el mercado estadounidense. Colombia es el principal proveedor de flores para Estados Unidos durante la temporada de San Valentín, fecha clave para la industria exportadora nacional.
Sin embargo, al llegar los ramos a los despachos de senadores y representantes, el Comité de Ética del Congreso ordenó su devolución inmediata. Las normas del Capitolio prohíben que los legisladores acepten regalos que puedan interpretarse como intentos de influencia indebida o que comprometan su imparcialidad. Ante la situación, la policía del Capitolio supervisó el procedimiento de retiro de los obsequios para garantizar el cumplimiento de la regulación vigente.
El incidente generó sorpresa en el entorno diplomático, dado que el gesto buscaba destacar la relación comercial bilateral y la relevancia económica del sector floricultor colombiano. Según cifras del comercio exterior, millones de tallos colombianos ingresan cada febrero al mercado estadounidense, consolidando a Colombia como líder en exportaciones de flores hacia ese país.
Aunque no se han anunciado sanciones formales contra la misión diplomática, el episodio evidenció la rigidez del sistema ético del Congreso estadounidense frente a cualquier tipo de presente institucional. Especialistas en protocolo internacional señalan que este tipo de iniciativas requieren una revisión jurídica previa, especialmente en escenarios legislativos con reglas estrictas sobre obsequios y lobby.
El caso vuelve a poner en debate la delgada línea entre la diplomacia comercial y las regulaciones de transparencia política en Estados Unidos, particularmente en contextos de alta sensibilidad institucional.

















