Hablemos claro sobre el futuro de Colombia

TotusNoticias

Por: Juan José Gómez

Alea jacta est” (La suerte está echada)
Julio César, al decidirse a pasar el rio Rubicón

Parece mentira, pero es totalmente cierto que me desvela en estos días lo que puede suceder con nuestro hermoso país en relación con su futuro. Abrigo grandes temores sobre la continuidad de un mal gobierno por parte de un candidato decididamente comunista, que por el voto irreflexivo de muchos colombianos que sufragarán engañados o algo peor, esperanzados en los beneficios que obtendrán del sucesor de Gustavo Petro, no alcanzan a imaginar el daño que le harán al que es su propio pueblo colombiano, colocándolo en manos de un personaje que desde su infancia fue inoculado por sus propios padres con el veneno del marxismo y que creció y llegó a la edad adulta alimentado por el odio contra una sociedad a la que le atribuye todos los males nacionales.

Esos electores ignoran o fingen ignorar lo que le ha hecho el comunismo a los pueblos que han tenido la desgracia de caer en sus garras. No saben o no quieren saber sobre los miles de millones de cárceles, torturas, deportaciones y asesinatos en la desaparecida Unión Soviética bajo las órdenes de tiranos carentes de sentimientos humanos como fueron en la Rusia de Lenin y Stalin; en la China de Mao Zedong; en la Camboya de Pol Pot; en la Cuba de Fidel y Raúl Castro o en la Venezuela de Chávez y Maduro.

Tampoco quieren considerar las miserias sufridas por el pueblo colombiano bajo el desgobierno de un exguerrillero, mentiroso, vicioso y poseído por el odio contra su misma Patria y los millones de sus habitantes, como le ha ocurrido a nuestro infortunado país.

Es indispensable que tanto los colombianos pensantes e informados de la situación política, como los desinteresados que a través de sus propias experiencias, de los medios de comunicación o de la voz del pueblo expresada en la calle, se han enterado o se lleguen a enterar de lo mucho y malo que le ha sucedido a esta nación durante el gobierno de Gustavo Petro, abandonen la tradicional apatía por los procesos electorales que se traduce en abstención y adopten la urgente decisión de salvar su Patria del comunismo y comiencen a interesarse en su propio futuro, el que solo puede ser asegurado con posibilidades de éxito si votan por un candidato aceptable, esto es por un candidato que esté decidido a gobernar buscando el Bien Común, el respeto total por la Constitución y la ley, el sometimiento a la división de poderes, al control del legislativo y la decisión de los magistrados cuando ese sea el caso.

Actualmente la situación nacional se presenta difícil pero no complicada, Entre algunos otros sin grandes posibilidades, existen tres candidatos presidenciales con opción de ser elegidos para ocupar la jefatura del Estado y del Gobierno, esto es la presidencia de la República, según lo muestran repetidamente las encuestas, bien sea en primera o en segunda vuelta, Uno de ellos es indudablemente comunista y por su actuaciones anteriores, queda claro que es un resentido social y una persona de mala entraña. Los otros dos son demócratas, poseen condiciones y capacidad para gobernar con acierto y profesan principios y valores aceptables para la población y de ellos se puede esperar buenos resultados.

Pero he aquí que los dos demócratas, una dama y un caballero, compiten entre si —lo que de suyo es natural y no es reprochable— y se medirán con el candidato comunista en una primera vuelta electoral. Entiendo que existe el compromiso de que quien saque un número mayor de votos continuará con la candidatura para la segunda vuelta, reforzada su campaña con la sincera adhesión del candidato que obtuvo menor número de sufragios.

Si consideramos esta situación a la luz de la naturaleza humana, concluiremos en que sin ser la mejor, es la posible por aquello de la dignidad personal y la ambición aceptable, aunque lo ideal sería que desde la primera vuelta estuvieran unidos mediante un pacto de gobernabilidad futura que además de justo resultaría conveniente.

Pero como aquí se trata es de lo posible, un poco a regañadientes aceptamos ese procedimiento, no sin reconocer que dadas las circunstancias podría ganar la derecha democrática en la primera vuelta, con gran provecho para la población colombiana y considerable ahorro para el tesoro nacional.

Lo que realmente fuera algo peor que una equivocación, claramente un crimen de lesa patria sería que el candidato de menores votos en la primera vuelta no cumpliera su compromiso para la segunda y abandonara la palestra dejando tirado al otro candidato o no le pusiera toda su voluntad y capacidad al triunfo de aquel. Eso no se lo perdonaríamos nunca y la historia recogería esa vil acción como una negra traición.

Escrito lo anterior, identifiquemos entonces a los protagonistas de esta que es la situación que hoy se presenta en Colombia con motivo de la elección presidencial para el periodo 2026-2030.

El candidato de la izquierda comunista es Iván Cepeda Castro, los candidatos de la derecha democrática son Paloma Valencia Laserna y Abelardo De la Espriella. Según las encuestas de hoy, el candidato comunista lleva ventaja sobre los demócratas, pero existe la convicción de que los votos unidos de estos dos superarían a los de Cepeda, tanto en la primera como en la segunda vuelta.

Muchos electores de la derecha —y este columnista entre ellos— opinamos que sería mejor el triunfo del candidato De la Espriella por ser una persona de riguroso orden (que es lo que Colombia necesita en estos momentos de angustiosa peligrosidad), especialmente calificado para meter en cintura a quienes por la derrota tratarán de impedirle gobernar mediante reiteradas manifestaciones de violencia callejera y por otra parte procedente del sector empresarial. Pero, desde luego si la voluntad mayoritaria del electorado es que sea Paloma, pues bienvenida sea y por ella votaremos con total decisión y le haremos campaña con entusiasmo, porque de lo que se trata es de salvar a Colombia del horror comunista y no de halagar la vanidad de ningún candidato.

He dejado para el final una reflexión que estimo apropiada para las actuales circunstancias de la política nacional. Se trata del rol que juega el señor expresidente de la República doctor Álvaro Uribe Vélez, jefe indiscutible del Centro Democrático y gran elector de la derecha colombiana, con proyección continental.

Al doctor Uribe lo respetamos, lo admiramos y lo seguimos por haber demostrado con su vida y con su obra que es no solo un ilustre estadista lleno de méritos por sus dos gobiernos y por su papel central en la política nacional del presente siglo, sino también porque merced a sus patrióticos esfuerzos ha sido una sólida muralla contra el comunismo internacional y se ha posicionado como exitoso continuador de la obra de grandes colombianos como Mariano Ospina Pérez y Alberto Lleras Camargo en impedir que el marxismo, aunque triunfante en la elección del 2022, haga un daño mayor al alma de Colombia.

Es precisamente por su importante papel tradicional y el que desempeña en la actual coyuntura política, que puede afirmarse que el doctor Uribe tiene la llave del triunfo democrático en la próxima elección presidencial. Tanto Paloma como Abelardo lo respetan y de alguna manera son estimados como dóciles a su orientación, entre otras razones porque ambos defienden principios que siempre han sido propuestos, practicados, defendidos y enseñados por él durante su fulgurante vida pública.

Por tal motivo la responsabilidad del señor expresidente Uribe es grande, a tal punto considerable que si por falta de su oportuno consejo o porque él por cualquier motivo se desentiende de orientar la acción de Paloma o de influir en las decisiones de Abelardo, todo ese impresionante cúmulo de realizaciones políticas del que puede enorgullecerse, serían olvidados por la cambiante opinión pública y solo se recordaría que habiendo podido impedir este contundente y funesto golpe a la integridad democrática de la nación, se abstuvo de hacerlo o jugó mal unas cartas servidas que le mostraban propicio un espléndido triunfo republicano. Así, respetado doctor Uribe, que no puede olvidar la frase de Julio Cesar cuando se decidió a cruzar el Rubicón: *“Alea jacta est”.

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