El accidente de un avión Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) en el departamento del Putumayo desató una controversia política de alto nivel entre el presidente Gustavo Petro y el expresidente Iván Duque, en medio de una tragedia que dejó decenas de víctimas fatales y múltiples heridos.
El siniestro ocurrió el 23 de marzo de 2026, cuando una aeronave C-130H Hércules con 128 personas a bordo se precipitó a tierra poco después de despegar desde Puerto Leguízamo. El hecho dejó al menos entre 66 y 69 fallecidos, más de 50 heridos y varios desaparecidos, según reportes oficiales y balances preliminares.
La gravedad del accidente, considerado uno de los más mortales en la historia reciente de la aviación militar colombiana, generó una inmediata reacción del presidente Petro, quien cuestionó la adquisición del avión durante el gobierno anterior. El mandatario afirmó que la aeronave, incorporada en 2020, tenía décadas de uso y calificó su compra como una decisión cuestionable, insinuando posibles irregularidades en el proceso.
En sus declaraciones públicas, Petro señaló la necesidad de investigar quién autorizó la compra y bajo qué condiciones, al tiempo que planteó la urgencia de modernizar la flota militar para evitar tragedias similares. También vinculó el caso con problemas estructurales en la contratación de equipos de defensa y criticó lo que denominó como uso de “material obsoleto”.
La respuesta del expresidente Iván Duque no se hizo esperar. A través de redes sociales, rechazó los señalamientos del actual jefe de Estado y calificó sus declaraciones como inapropiadas en medio del duelo nacional. Duque defendió la gestión de su gobierno en materia de fortalecimiento de la Fuerza Aérea y aseguró que la aeronave hacía parte de un programa internacional de cooperación con Estados Unidos.
Además, el exmandatario instó a realizar una investigación técnica rigurosa sobre las causas del accidente, incluyendo factores como las condiciones de despegue, el peso de la aeronave y las características de la pista. En su respuesta, también acusó a Petro de politizar la tragedia y pidió respeto por las víctimas y sus familias.
El cruce de declaraciones escaló rápidamente, con nuevos señalamientos por parte de Petro, quien insistió en cuestionar la antigüedad del avión —fabricado en la década de 1980— y los costos asociados a su mantenimiento. La aeronave había sido entregada a Colombia como parte de un programa de excedentes de defensa de Estados Unidos, con una vida útil superior a 40 años.
Mientras tanto, las autoridades continúan con las labores de rescate e investigación en la zona del accidente, ubicada en una región selvática de difícil acceso. El Ministerio de Defensa y organismos técnicos analizan las posibles causas del siniestro, sin que hasta el momento se haya confirmado una hipótesis oficial.
El episodio no solo pone en evidencia la magnitud de la tragedia humanitaria, sino que también reabre el debate sobre la capacidad operativa y el estado del equipamiento militar en Colombia, en un contexto marcado por tensiones políticas y cuestionamientos sobre la gestión de recursos públicos en el sector defensa.














