La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, renovó el alto mando militar un día después de relevar a Vladimir Padrino López del Ministerio de Defensa, en un movimiento que profundiza la reconfiguración del poder dentro de la Fuerza Armada y del Gobierno tras la salida de Nicolás Maduro. La decisión fue anunciada el 19 de marzo de 2026 y representa uno de los cambios más significativos en la estructura militar venezolana en más de una década.
Rodríguez nombró como nuevo ministro de Defensa al general Gustavo González López, exjefe de la contrainteligencia militar y de la Guardia de Honor Presidencial, una figura considerada de su máxima confianza. El relevo de Padrino, quien ocupó el cargo durante 11 años y fue uno de los pilares del aparato militar del chavismo, marca un quiebre simbólico con una de las figuras más fuertes del madurismo en el área de seguridad y defensa.
La renovación no se limitó al ministerio. Medios internacionales y regionales reportaron que la mandataria interina sustituyó a los integrantes del alto mando militar y avanzó en una recomposición de la cúpula castrense con nuevos jefes en componentes clave de la Fuerza Armada. Entre los cambios reportados figuran movimientos en la Aviación Militar, la Armada, la Milicia y el Comando Estratégico Operacional, en una señal de control más directo sobre la estructura militar venezolana.
Según Reuters y Associated Press, la salida de Padrino se produce en un contexto de fuerte presión interna y externa tras la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses en enero de 2026, un episodio que alteró el equilibrio político y militar en Caracas. Aunque Padrino fue mantenido inicialmente para preservar estabilidad dentro de la institución armada, su reemplazo sugiere que Rodríguez busca consolidar una nueva etapa apoyada en un círculo más estrecho de leales.
El nuevo ministro, Gustavo González López, arrastra además un perfil polémico a nivel internacional. Reuters y AP recuerdan que ha sido sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea por presuntas violaciones de derechos humanos y corrupción, además de su papel en organismos de inteligencia y contrainteligencia durante los años más represivos del chavismo. Su ascenso, lejos de leerse como una apertura, ha sido interpretado como una apuesta por reforzar el control político y militar en medio de la transición.
La reestructuración del alto mando también envía un mensaje hacia dentro de la Fuerza Armada, donde la lealtad ha pasado a ser un factor central en la reorganización del poder. Versiones recogidas por distintos medios indican que Rodríguez presentó a la nueva cúpula como un equipo comprometido con la soberanía, la estabilidad y la integridad territorial del país, en momentos en que el estamento militar enfrenta cuestionamientos y tensión tras los cambios de enero.
Más allá del relevo puntual, la decisión confirma que el Gobierno interino venezolano está acelerando el desmontaje de buena parte de la vieja estructura heredada del madurismo. El cambio en Defensa y la renovación del alto mando militar refuerzan la idea de una transición controlada desde el poder, en la que Delcy Rodríguez intenta afianzar autoridad, redistribuir cuotas de mando y asegurar la obediencia institucional en uno de los sectores más sensibles del Estado venezolano.














