La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, concretó este jueves 15 de enero una histórica visita a la Casa Blanca, donde sostuvo un almuerzo privado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Durante el encuentro, que se extendió por más de dos horas, la dirigente protagonizó un hecho sin precedentes al entregarle personalmente su medalla del Premio Nobel de la Paz, galardón que recibió en diciembre de 2025 en Oslo, como un símbolo de la alianza estratégica para buscar una salida a la crisis política de su país.
A su salida de la residencia presidencial, Machado explicó a los medios de comunicación que el obsequio representa una «retribución histórica» inspirada en el gesto del general Lafayette hacia Simón Bolívar hace dos siglos. La líder detalló que, así como el Libertador conservó la imagen de George Washington, hoy «el pueblo de Bolívar entrega al presidente de Estados Unidos la medalla del Nobel», un acto cargado de simbolismo que busca sellar el compromiso de la administración norteamericana con la restauración democrática en la nación suramericana.
Ante la incertidumbre generada por la reciente captura de Nicolás Maduro y la designación de Delcy Rodríguez como presidenta interina, Machado envió un mensaje directo a sus simpatizantes. «Sepan que contamos con el presidente Trump para la libertad de Venezuela», aseguró la dirigente al abandonar el recinto, intentando disipar las dudas sobre la postura de Washington frente a la nueva configuración del poder en Caracas y reafirmando su rol como interlocutora legítima de la oposición.
Sin embargo, la visita se desarrolló en medio de un complejo panorama diplomático, caracterizado por el pragmatismo de la política exterior estadounidense. Mientras el mandatario recibió el reconocimiento simbólico, la Casa Blanca ha mantenido canales de comunicación con el gobierno interino de Rodríguez. Voceros de la administración, encabezados por la portavoz Karoline Leavitt, reiteraron que, según evaluaciones de inteligencia, la líder opositora aún no consolida los apoyos internos suficientes para liderar una transición inmediata, aunque reconocieron su valentía como voz disidente.
Tras concluir su agenda en el Ejecutivo, Machado se dirigió al Capitolio para sostener una serie de reuniones con legisladores demócratas y republicanos. El objetivo de estos encuentros es alinear el respaldo bipartidista en el Congreso estadounidense, buscando garantías para que la presión internacional se mantenga firme y no se normalicen las relaciones con el actual interinato venezolano sin que existan condiciones democráticas claras para futuras elecciones.















